Cali, junio 9 de 2026. Actualizado: martes, junio 9, 2026 18:28
A medida que se acerca la segunda vuelta presidencial, la tensión crece en Cali.
No es una percepción infundada, es el resultado de una serie de hechos, mensajes y antecedentes que tienen preocupados a miles de ciudadanos que recuerdan perfectamente lo que ocurrió durante el estallido de 2021 y que temen que la historia pueda repetirse.
Por un lado, han circulado chats, videos, convocatorias y mensajes que hablan de bloqueos, movilizaciones y vías de hecho en caso de que el resultado electoral no favorezca al candidato del partido de gobierno.
Por otro, han comenzado a surgir expresiones de ciudadanos que manifiestan abiertamente que, de ser necesario, saldrían a enfrentar a los vándalos para impedir que la ciudad vuelva a ser paralizada.
Ahí está precisamente el mayor riesgo. No se trata únicamente de la posibilidad de nuevos bloqueos o de nuevos actos vandálicos, se trata de que Cali podría verse arrastrada a un escenario mucho más grave: una confrontación directa entre ciudadanos.
Una especie de choque entre quienes pretendan desconocer los resultados electorales mediante la presión en las calles y quienes consideran que la ciudad no puede volver a ser sometida al caos.
Por eso, el llamado al respeto de los resultados electorales se vuelve hoy más urgente que nunca.
La primera vuelta presidencial dejó una lección importante. Pese a los señalamientos irresponsables del presidente Gustavo Petro sobre un supuesto fraude electoral, del que nunca aparecieron las pruebas, los escrutinios confirmaron los resultados del preconteo, las misiones internacionales de observación electoral validaron el proceso y las autoridades electorales ratificaron la transparencia de las elecciones.
Tan evidente fue la inexistencia de ese supuesto fraude que el propio Iván Cepeda, candidato presidencial que inicialmente respaldó esas denuncias, terminó reconociendo los resultados de la primera vuelta y aceptando la legitimidad del proceso electoral.
Por eso resulta fundamental que desde ahora todos los sectores políticos, sin excepción, envíen un mensaje claro y contundente: los resultados del próximo 21 de junio deben respetarse.
Este llamado también debe llegar a quienes hoy hablan de destruir, bloquear o paralizar la ciudad si su candidato resulta derrotado.
Deberían preguntarse si realmente están dispuestos a asumir las consecuencias de llevar a Cali nuevamente a una espiral de confrontación, si vale la pena exponer a la ciudad a nuevos episodios de violencia y si están dispuestos a encontrarse esta vez con una ciudadanía cansada de los bloqueos, del vandalismo y de los daños ocasionados durante los últimos años.
La inmensa mayoría de los caleños quiere trabajar, movilizarse, estudiar, emprender y vivir en paz.
No quiere volver a ver vías cerradas, estaciones destruidas, comercios afectados ni barrios divididos por razones políticas.
Por eso las autoridades deben actuar con total claridad desde ahora. La protesta pacífica es un derecho constitucional que merece protección, pero los bloqueos, la violencia y el vandalismo no lo son.
La tolerancia frente a esas conductas debe ser cero.
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