Aunque hay dos campañas presidenciales enfocadas en convencer a la opinión pública de que ganarán la Presidencia de Colombia en primera vuelta este 31 de mayo, lo cierto es que —aunque en política los imposibles no existen— hoy parece prácticamente imposible que la elección se defina ese mismo día.
Desde la campaña de Iván Cepeda aseguran que tienen todo para ganar en primera vuelta.
Y en la campaña de Abelardo de la Espriella también hablan de la posibilidad de que el candidato dé la sorpresa y se convierta en presidente sin necesidad de ir a balotaje.
Sin embargo, cuando se revisan los antecedentes de las dos únicas oportunidades en las que un presidente fue elegido en primera vuelta en Colombia, se encuentra que el escenario actual no se parece al de esos momentos, y eso cambia completamente las cuentas.
Las dos veces en las que Colombia eligió presidente en primera vuelta fueron en 2002 y 2006, cuando Álvaro Uribe Vélez fue elegido y reelegido presidente de la República.
En 2002, Uribe obtuvo el 54.1% de los votos, y en 2006 alcanzó el 62.35%. Hay que recordar que para ganar en primera vuelta se necesita el 50% de los votos más uno.
Álvaro Uribe era un fenómeno político y electoral de unas dimensiones que hoy no tiene ningún candidato.
En 2002, Uribe representaba una ruptura política total en medio de un país golpeado por la violencia, el fracaso del proceso del Caguán y una enorme crisis de confianza en el Estado.
Y en 2006 ya no era solo un fenómeno de opinión, era un caudillo político consolidado.
Esos son dos factores determinantes. Porque hoy ningún candidato tiene el nivel de arrastre político y emocional que tenía Uribe en 2002 y mucho menos el liderazgo dominante que alcanzó en 2006.
Pero, además, hay otro elemento clave: la fragmentación del voto:
Las dos campañas presidenciales en las que Uribe ganó en primera vuelta fueron, en la práctica, campañas de dos candidatos.
En 2002 la pelea real era entre Álvaro Uribe y Horacio Serpa. Y en 2006 era entre Álvaro Uribe y Carlos Gaviria.
Había otros candidatos, claro, pero estaban muy lejos de competir realmente por el segundo lugar.
Las de 2002 y 2006 fueron campañas polarizadas entre dos opciones y hoy el escenario es totalmente distinto.
La actual es una campaña de tres candidatos con opciones reales. Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia aparecen en las encuestas con porcentajes de intención de voto significativos y con posibilidades de pasar a la segunda vuelta, y eso hace muchísimo más difícil que alguno logre superar el umbral del 50% más uno.
Ese punto también ayuda a entender por qué tanto desde la campaña de Cepeda como desde la campaña de De la Espriella se insiste constantemente en vender la idea de que la pelea presidencial es solamente entre ellos dos…
Instalar esa narrativa les permitiría radicalizar la elección entre extrema izquierda y extrema derecha y tratar de convencer a los electores de que sólo existen dos opciones viables.
Es decir, empujar el voto útil alrededor de dos candidaturas para sacar de la conversación a Paloma Valencia.
Sin embargo, las encuestas muestran otra cosa. Valencia aparece marcando porcentajes cercanos al 20% y, además, es la candidata que más ha crecido después de las consultas interpartidistas del pasado 8 de marzo, lo que impide que hoy la elección pueda reducirse fácilmente a dos campañas.
En política todo puede pasar, pero, mientras existan tres candidaturas competitivas, las cuentas no dan para una victoria en primera vuelta.
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