En 1995 se publicó un libro del señor Gonzalo Guillén con el título de esta columna. Este personaje—Guillén—se ha visto involucrado en situaciones de denuncias y contradenuncias. Lo han acusado de ser “correveidile” de los grupos irregulares que actúan en el país, sin dejar de reconocer que se ha destacado, precisamente, por ser un izquierdista de racamandaca.
En esa publicación realizó una “antología de la corrupción contemporánea de Colombia”, en la que denunciaba los abusos en el ejercicio del poder y violaciones a los derechos humanos, en los que dejaba entrever su intención sesgada de su ideología, sin desconocer que en algunas de sus narrativas tenía razón, como por ejemplo : “En Colombia el ejercicio de la política se convirtió en numerosas ocasiones en fuente imperecedera y corrupta de enriquecimiento individual de las personas con base en el manejo de la estructura administrativa del Estado.” Innegable.
Esa ha sido, principalmente, una de las razones por las que existe en nuestra patria tanta desigualdad social. No es sino ver en los últimos tiempos la caída de puentes vehiculares de gran envergadura, a los que posiblemente les agregaban más arena que cemento.
La inmensa cantidad de “elefantes blancos” encontrados en distintos sitios del país.
En todo eso se invirtieron billones de pesos que se perdieron miserablemente, sin que los órganos de control actuaran en defensa de los intereses de los colombianos pero, lo más lamentable es que, en esos negociados estaban o están involucrados políticos, funcionarios de alto nivel y contratistas; congresistas de todos los partidos, incluso reelegidos por una ciudadanía que no cavila o que vende sus votos por un contratico PS o un carguito en nómina. Eso todavía se practica, lamentablemente.
Gracias a eso, ahora muchos de esos responsables se desgarran las vestiduras o se piensan ir del país con el argumento facilista de que llegó la izquierda al poder y está practicando lo mismo que ellos realizaron pero, gobernando mal, llevando al país a un estado de cosas parecidas a Venezuela.
Si, puede ser pero, en honor a la verdad, llegamos a esa situación por culpa de quienes han manejado el país durante muchos años sin preocuparse por el futuro de la gente. Ahora debemos soportar un gobierno potencialmente populista, con características parecidas a Hugo Chávez pero sin llegar todavía a las de Daniel Ortega de Nicaragua.
No olvidemos que al actual gobierno todavía le quedan tres años, que, sinceramente, por lo que se ve, son inciertos.
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