Asisto al restaurante Los Turcos desde que estaba en la facultad de derecho estudiante leyes y jurisprudencia.
Iba afiebrado a conocer a los poetas, escritores, intelectuales, políticos que allí se sentaban a divagar sobre el ruido de los días y el paso a paso de estos.
Eruditos de cafetería algunos, otros académicos destacados que querían evocar esos momentos de juventud revolucionaria, tomándose una cerveza fría, que duraba eternidades.
Siempre estaban los de la izquierda, cerveza en la mesa, conversando de cómo arreglar el mundo.
También, sentados en alguna de las sillas de las mesas ubicadas afuera, sobre la acera, en un espacio amplio de baldosa blanca, estaban los poetas Farias, Antonio Zibara, entre otros que se denominaban “los poetas de la barba blanca”.
Era un lugar de confluencia para enriquecer el intelecto, para animar la tertulia. Los viernes en la noche eran una fiesta.
El restaurante Los Turcos estaba ubicado en donde hoy está la plazoleta Jairo Varela.
Desde hace más de una década está en la Avenida 3N #7N-26, Centenario. Continúa con su aviso tradicional, con algunas de las mesas de entonces, pero siempre con la carta exquisita que atrae a comensales de todos lados.
Y Los Turcos tiene un plus que es el alma del lugar, quien hace sentir al comensal de la mejor manera con sus atenciones, y es un ejemplo en el ejercicio de su oficio: Víctor Hugo.
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