Tomás Lombana Bedoya

Después de las urnas: ¿Cómo queda el alma de Colombia?

Tomás Lombana Bedoya

En estos días he estado pensando mucho en cómo termina la salud mental de la sociedad durante y después de las elecciones presidenciales.

Al encontrar diversos autores reflexionando sobre este tema, llegué a la siguiente conclusión:

Después de una elección altamente polarizada, el electorado colombiano suele quedar dividido en tres grandes grupos:

  1. Ganadores emocionales: experimentan esperanza, optimismo y sensación de validación política.
  2. Perdedores emocionales: presentan frustración, miedo, enojo o sensación de amenaza.
  3. Ciudadanos fatigados: aunque participaron o siguieron la campaña, terminan agotados y desconectados del debate público.

El principal riesgo para la salud mental colectiva no es la diferencia política en sí, sino que la polarización afectiva continúe después de las elecciones, manteniendo sentimientos de hostilidad, desconfianza y confrontación permanente. Cuando esto ocurre, disminuye la cohesión social y aumenta el estrés colectivo.

Pero más allá de la salud mental, ¿Cómo queda la paz interior de la sociedad?, ¿Cómo quedan las energías del colectivo?

Para entender esta perspectiva, conversé con Nathy Angel, mentora estratégica y espiritual, fundadora de Nathy Angel Mentoring. Acompaña a líderes, organizaciones y personas en procesos de transformación desde la conexión entre conciencia, emociones, energía y propósito.

La pueden seguir en Instagram como: @nathyangel_mentoring y en LinkedIn como: Nathalia Angel – NATHY ANGEL MENTORING.

¿Qué son y cómo se le puede explicar al común de la gente qué son las energías en los seres humanos?

Cuando hablamos de energía humana no nos referimos únicamente a algo místico o espiritual. Hablamos de la fuerza interior que influye en cómo pensamos, sentimos, actuamos y nos relacionamos con los demás.

El Dr. David Hawkins planteaba que emociones como el miedo, la culpa o la ira tienden a contraer nuestra percepción, mientras que estados como la aceptación, el amor, la alegría o la paz favorecen nuestra capacidad de crear, conectar y construir.

En términos sencillos, la energía de una persona puede percibirse en cómo enfrenta los desafíos, responde ante un conflicto o inspira a quienes la rodean.

Luego de la carga emocional que vive una sociedad en un proceso electoral, ¿Cómo quedan estas energías en el colectivo colombiano?

Las elecciones movilizan emociones profundas porque tocan nuestras esperanzas, nuestros miedos y nuestra visión de futuro.

Desde la mirada de Hawkins, después de una elección altamente polarizada suelen coexistir distintos estados emocionales.

Algunos ciudadanos experimentan esperanza y entusiasmo; otros pueden sentir frustración, rabia o incertidumbre.

Lo que determina la salud energética de una sociedad no es quién gana o quién pierde, sino cuánto tiempo permanece atrapada en emociones de confrontación.

Cuando predominan el miedo, la ira y la desconfianza, la energía colectiva se contrae. Cuando aparecen la aceptación, el diálogo y la voluntad de construir desde las diferencias, la energía colectiva comienza a elevarse.

En Colombia, el desafío no es pensar igual, sino aprender a convivir con la diversidad sin convertirla en enemistad.

¿Qué recomendaciones le harías a los candidatos en el manejo de sus energías cuando enfrentan un proceso electoral?

A lo largo de mi trayectoria he acompañado procesos de liderazgo con líderes políticos, gubernamentales, empresariales y sociales.

He observado que una campaña pone a prueba no solo la estrategia de una persona, sino también su equilibrio emocional y humano.

Por eso les recomendaría:

  1. No liderar desde el miedo. El miedo moviliza a corto plazo, pero rara vez construye confianza sostenible.
  2. Cuidar su equilibrio interior. La presión constante puede llevar al agotamiento emocional.
  3. Practicar la coherencia. La ciudadanía percibe cuando existe alineación entre lo que se dice y lo que se vive.
  4. Recordar que el adversario no es el enemigo. La democracia necesita competencia de ideas, no destrucción humana.
  5. Hablar más de futuro que de confrontación. Las sociedades avanzan cuando son inspiradas por una visión.
  6. Incorporar prácticas de conexión y equilibrio personal. El silencio, la naturaleza, el journaling, los aceites esenciales y elementos simbólicos como las gemas (amatista, turmalina negra o el cuarzo transparente pueden servir como recordatorios para mantener la calma, la claridad y el propósito.

Mi invitación es que los próximos procesos electorales sean también una oportunidad para elevar la conciencia colectiva del país.

Las naciones evolucionan cuando transforman el miedo en responsabilidad, la división en diálogo y la incertidumbre en propósito compartido.

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar