Hay cosas que uno nunca se imaginó que iban a pasar en esta vida, pero pasan. En mi caso fue tener un gato en la casa.
Cuando conocí a mi esposa, mi angelito, ella tenía una gata llamada Ramona, y con ella aprendí a querer a los gatos. Ramona me acompañaba a ver fútbol, se acostaba conmigo y comenzó a esperar a que yo la acostara en las noches.
Hoy en día compartimos un poco menos debido al nacimiento de mi hija Antonia, pero Ramona sigue siendo parte de la familia, me ha enseñado a entender al otro, a conocer como vivía mi esposa antes de estar conmigo.
Esto me hace pensar que hay situaciones inesperadas que nos hacen ampliar el panorama, pero siempre hay que estar abierto y receptivo para asumirlas. Para mí, siempre he estado abierto a un cambio, no a uno irracional, sino a uno que me sume, en el que me lleve a abrir la mente y descubrir nuevas perspectivas.
No obstante, sé que para muchos es difícil adaptarse, les cuesta ceder su comodidad, su cotidianidad a nuevos elementos, pero acaso ¿la vida no es dejarse sorprender? Qué tanto cedemos a las nuevas circunstancias y situaciones, y permitimos que el mundo del otro se convierta en el nuestro. ¿Qué tanto nos sorprendemos con nuestras propias reacciones? Al hacer y exponernos a otras cosas cambiamos, crecemos.
Sé que muchos estarán pensando en un mensaje escondido relacionado con la situación del país, y ahí sí debo decir que hay cambios que se buscan, mientras que hay otros que llegan, y esta columna se refiere expresamente a los segundos, aquellos que ocurren sin pensar, que no dependieron de nuestras decisiones.
Es imposible mantenerse siempre en el mismo instante, en el mismo tiempo, ya lo decía Tales de Mileto, somos agua en constante cambio, y hay que saberse adaptar, en eso radica qué tan inteligente es uno.
Tenía un amigo que me decía, “toda persona inteligente cambia de opinión”, y pues no es solo por inteligencia que ocurre la adaptación, también pasa por una obligación, si no cedes te quedas atrás, te pierdes cuando no hay movimiento.
“Lo mismo con las canciones, los pájaros, los alfabetos, si quieres que algo se muera déjalo quieto”. Movimiento de Jorge Drexler.
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