Cali, mayo 18 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 15, 2026 21:46
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Héctor Osuna o “Lorenzo Madrigal”, con el apellido propio es caricaturista, con seudónimo el columnista, hace una semana, el lunes 26 de mayo, se posesionó como miembro honorario de La Academia Colombiana de La Lengua, tras ser elegido por unanimidad.
Daniel Samper Pizano, en 2016, también fue exaltado a esa dignidad en reconocimiento a que cultiva el idioma a través del humor escrito.
Ellos coinciden en sus visiones desenfadadas de la vida y en sus actitudes irreverentes ante los políticos y el poder.
Osuna con “Rasgos y Rasguños”, Lorenzo Madrigal mediante sus amenas columnas breves y, Daniel Samper Pizano con “Reloj”, desde hace más de medio siglo vienen concientizándonos sobre el cambio.
Desarrollan sus labores comunicativas con el convencimiento de que el humor deberá ejercerse de manera ética e independiente, desligado de relaciones autoritarias, sin convertirlo en agente distractor que oculte, de manera sumisa y pueril, la realidad social.
Madrigal y Samper hacen humor liberador, utilizando lenguajes diáfanos y, Osuna con sus trazos claros, nos sacan del pasmoso letargo y distancian de la estupidez y el conformismo social.
Generalmente los intelectuales afamados suelen publicar sus memorias en formato de libro y con pomposo lanzamiento.
Héctor Osuna, en cumplimiento al contenido de sus caricaturas que critican a los poderosos, lo hace mediante píldoras sencillas en la voz imaginaria de su creación homónima “Lorenzo Madrigal”.
En una columna del 10 de marzo de 2024, el columnista Lorenzo Madrigal en “El Espectador”, dedicó su texto para hacer una semblanza de Héctor Osuna.
Con humildad y lenguaje llano, presentó a sus lectores algunas claves para sus memorias aplazadas.
Por la vigencia de ese escrito, titulado “Hablaré de mí mismo”, esta página de Cultura, citando la fuente, se permite transcribir algunos aspectos cotidianos, narrados con estilo costumbrista y coloquial, que Lorenzo Madrigal estima importantes para compartir los recuerdos de una persona sencilla.
“Casi todos lo hacen. A mí es lo que mejor me sale, con la documentación apropiada y los datos exactos, excepción hecha de las fechas.
Esas sí que no las preciso. De los 18 “osos” que he vivido tampoco hablo, todavía me sonrojan. De mi infancia lo recuerdo todo.
De mi madre ni para que les cuento. Porque Tulita, entrañable y amorosa, está en la memoria de muchos, yo mismo a veces sueño con reconstruirla en amigas y en amigos, especialmente familiares, aunque de estos quedan pocos.
Se han muerto ya como ella, un triste viernes del 81, año en que también murieron mentores míos como Lucas Caballero y el maestro Gómez Campuzano.
Lo más visible, en imágenes de mi infancia, es un video de mi tía Manuelita, en Medellín, llevándome en brazos para subir a un Ford 37, como el carrito de Tintin que me acaban de regalar en réplica desde Alemania, mis queridos Andrés y Laura Calvás.
Aquel carrito, el de la vida real, salió bueno, no así el Ford 38 que un vendedor le hizo cambiar a mi papá, a quien le alcanzaba para carro, antes de la guerra y no para casa, que nunca tuvo. “ Yo tuve carro a los 25 y casa a los 50”.
Héctor Osuna ha vivido su historia personal en caricatura, en el buen sentido de la palabra, diferente sería decir que vive una vida caricaturesca, errónea afirmación.
Sus padres le indujeron vocación clerical, él luego escogió la opción de ser un brillante litigante, finalmente, años después renunció al seminario y a titularse en la universidad, por considerarlos formadores del poder, se retira del camino hacia formarse clérigo, ingresó a derecho, pero, aunque cursó la carrera, por voluntad propia decidió no graduarse de abogado.
Desde hace más de seis décadas escogió el periodismo, como humorista del teclado, simultáneamente que con el lápiz produce caricaturas, al comienzo lo hizo en varios medios informativos: “El Siglo” de Bogotá, “Occidente” de Cali y “El Espectador” de Bogotá.
Su trabajo hecho con esmero e independencia lo acreditó para que “El Espectador” lo contratara como caricaturista con exclusividad y le mereció elogios desde orillas ideológicas distintas, representadas, por las opiniones de Álvaro Gómez Hurtado y Gabriel García Márquez.
Así mismo, fueron distintas las miradas de los presidentes de Colombia en varios momentos políticos del país, por ejemplo, entre otros, Belisario Betancur Cuartas y Virgilio Barco Vargas.
“Gentes de talento e independencia mental como usted, sí le cuentan al gobernante cómo va él y cómo va el país. Gracias por sus urticantes aunque sonrientes lecciones” (Belisario Betancur).
“Yo lo considero un gran caricaturista, fuera de record. Algunas son tan eruditas y sutiles que no le pasan al grueso de público, pero son muy buenas. Sencillamente geniales”. (Virgilio Barco).
Ancora Editores, en 1983, publicó “Osuna de frente”, edición especial de un libro antológico que recopila sus mejores caricaturas desde 1959. Álvaro Gómez Hurtado y Gabriel García Márquez, escribieron dos prólogos respectivos.
“Quienes lo conocemos de frente, pensamos que es un hombre que calza un alma varios números más grande que él (…) Quienes solo lo conocen por su arte dicen que Osuna no tiene corazón. Yo creo que lo tiene y muy grande, pero dotado de una química personal que solo asimila a los justos, y para Osuna no hay casi nadie que lo sea en esta vida. Su oficio dominical es inclemente, sin una debilidad simple, sin una grieta de lastima. Aunque se le considera como el caricaturista político más lúcido y feroz que ha tenido Colombia, su ferocidad es mucho más que política, porque es solo moral. Carece de cálculo matrero, de pasiones efímeras, de apetitos terrestres de los políticos”. (Fragmento del Prólogo de Gabriel García Márquez)
“Osuna, el grande Osuna, como diría Quevedo, ha sido uno de los mayores críticos de nuestro tiempo. Tuve el privilegio de conocerlo años atrás, cuando inició sus labores periodísticas en El Siglo. Fue una época en que coincidímos en señalar el aburguesamiento en que estaba cayendo el Frente Nacional (…) La función de no dejar adormecer la sociedad es su tarea insigne, no siempre reconocida. Osuna la ha cumplido bien. Por ser un ejemplo de arrojo y de independencia, se ha convertido en uno de los valores actuantes de nuestra democracia”. (Fragmento del Prólogo de Álvaro Gómez Hurtado).
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