Cali, febrero 12 de 2026. Actualizado: jueves, febrero 12, 2026 16:50
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Erich Fromm (Alemania. 1900-1980) fue psicoanalista y filósofo, muy leído por los intelectuales, los universitarios y las juventudes vanguardistas de los años setenta. “El arte de amar”, su libro emblemático, suplió el vacío existencial de la juventud que disentía entre el idealismo y el materialismo, entre el hippismo y la militancia, entre la burocracia y la renovación. Ahora cuando los poderes descargan contra ellos toda su fuerza y la juventud vuelve a convulsionar a Colombia y al mundo, ese texto que estuvo guardado entre los anaqueles recobra actualidad y más vigencia. Su autor, ya cercano a los ochenta años, dedicó su última década de vida a emitir un programa radial desde donde hacía lecturas, reseñas y explicaciones de su propia obra, recopilada en diez volúmenes. Hans Jürgen Schultz, quien transcribió las cintas magnetofónicas y las publicó en Ediciones Paidós Ibérica (1983), le reconoce como ícono del diálogo humano y la reconciliación.
“El amor a la vida” (Paidos 1983), reflexiona sobre la abundancia y la sociedad, los orígenes de la agresión, el sueño como lenguaje humano, una psicología para no psicólogos, la personalidad de Hitler, la actualidad de los escritos proféticos y pregunta ¿quién es el hombre? Hans Jürgen Schultz, en el prólogo, nos dice: “No era su sabiduría lo que constituía su atractivo, sino la interpretación de doctrina y vida, y de vida y doctrina. La vida consiste en volver a nacer continuamente. Pero la tragedia es, escribe Fromm, que la mayoría de nosotros morimos antes de haber comenzado a vivir. Sobre tales perspectivas no se puede construir ningún sistema. Se requiere continuamente nuevos agregados. Fromm no quería alumnos ni ser jefe de escuela. Un hombre inspirado como él se entregaba para no ser tomado. No podía en absoluto filosofar sino en concreto”.
Hans Jürgen Schultz, coproductor del programa en Radio Zúrich de Alemania, nos dice cómo se desarrolló el proyecto. “Nos encontramos en enero de 1970, como ocurrió con frecuencia, en el Hotel Storchen de Zúrich. Tenía en cada lugar su hotel preferido. Fuimos a la radio. Se ubicó sin rodeos ante el micrófono y habló con soltura 29 minutos, repetidos seis veces. Su única condición era mi presencia. Necesitaba alguien enfrente, un representante del auditorio anónimo al que pudiera dirigirse. Mientras Erich Fromm trataba su tema y me llevaba consigo en los largos paseos socráticos de su pensamiento, además de la amplia audiencia que telefónicamente reportaba sintonía, observé a través de la mampara del vidrio, que el otro lado de la cabina se llenaba de técnicos, secretarias, el portero y hasta los colegas de la redacción. Él era tan bueno como hablante, porque era tan bueno como oyente”.
Leer “El amor a la vida”, hace imaginar estar en oyendo en vivo a su autor. Sin embargo, tal efecto también se produce con sus otros libros: “El arte de amar”,” El miedo a la libertad”, “Las cadenas de la ilusión”, “¿Tener o ser?”, La condición humana actual”, “El lenguaje olvidado”, “Sobre la desobediencia”, “La revolución de la esperanza “, “Ética y psicoanálisis”, “Por una ética humanística”, entre otras. Erich Fromm, reflexionó en otrora, pero sigue vigente en la realidad que vivimos en Colombia. “El hombre tiene intereses vitales especiales, que consisten en que tiene valores, ideales, con los que se identifica, de modo que un ataque contra estos ideales, contra las personas de interés vital para él, contra las instituciones que para él son sagradas, puede tener el mismo significado que un ataque a su vida, a su subsistencia. Cuando están amenazadas el hombre reacciona con hostilidad”.
Fromm también nos explica el origen de la agresión humana. “Se entiende por sadismo la pasión o deseo de lastimar corporalmente a otro hombre. La esencia del sadismo reside sin embargo en el hecho de que un hombre quiere tener control sobre otros seres vivientes, un control total, absoluto. Siempre se trata de que esos otros se vuelvan propiedad, cosas, objetos dominados del hombre sádico. Cuando alguien puede obligar a otros hombres a soportar el dolor sin relevarse, estamos ante la forma extrema de control. Hay veces la víctima del sadismo no está consciente de lo que le ocurre, pues ve que obtiene un beneficio de ello. Sólo hay, precisamente, una cosa que no ve: que se daña su alma, que así surge un hombre sometido, dependiente, esclavo. Si no quieren que los asesinen, nunca deben atreverse ni siquiera a dejar ver su enojo o su indignación. Deberíamos ver, antes de la catástrofe, si son los sádicos o no, quienes aspiran a conducir nuestro destino político”.
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