Cali, julio 3 de 2026. Actualizado: viernes, julio 3, 2026 17:03
El diagnóstico presentado por el futuro ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, deja claro que el nuevo gobierno recibirá unas finanzas públicas profundamente deterioradas.
Si, como él mismo explicó, el Estado está gastando mucho más de lo que recauda y el ajuste puede alcanzar los $60 billones, la pregunta ya no es si habrá que hacer sacrificios, sino quién deberá asumirlos.
La respuesta no debería recaer sobre los ciudadanos.
Colombia ya soporta una de las mayores cargas tributarias de su historia reciente. Las familias pagan más impuestos, las empresas enfrentan mayores costos y el aparato productivo ha perdido competitividad.
Por eso, la salida no puede consistir en otra reforma tributaria que termine castigando nuevamente a quienes producen empleo, invierten y sostienen la economía.
El ajuste debe comenzar por el Estado.
El presidente electo, Abelardo de la Espriella, tiene una oportunidad que pocos gobiernos han tenido: llegar sin los compromisos burocráticos que tradicionalmente imponen las grandes coaliciones políticas.
Esa independencia debe traducirse en un Estado más pequeño, más eficiente y mucho menos costoso.
Es momento de revisar miles de contratos de prestación de servicios que durante años han servido, en muchos casos, para alimentar clientelas políticas más que para atender verdaderas necesidades de la administración pública.
También es necesario evaluar entidades, programas, cargos y estructuras cuya utilidad hoy resulta cuestionable.
La austeridad también exige revisar decisiones tomadas durante el gobierno saliente, como la apertura de embajadas y representaciones diplomáticas cuya necesidad nunca fue suficientemente justificada y que, hasta ahora, únicamente han significado mayores gastos para el país.
Pero reducir el gasto no basta. El Estado también debe volver a generar riqueza.
En ese propósito será determinante recuperar a Ecopetrol como una empresa sólida, rentable y capaz de transferir recursos para financiar inversión social e infraestructura, en lugar de debilitar una de las principales fuentes de ingresos de la Nación.
La disciplina fiscal no consiste únicamente en recortar. Consiste en gastar mejor, eliminar los excesos y administrar con responsabilidad el dinero de los contribuyentes.
Si el nuevo gobierno quiere recuperar la confianza de los mercados y de los colombianos, el primer mensaje debe ser claro: antes de pedirle un peso más al ciudadano, el Estado debe demostrar que aprendió a gastar menos y a gastar mejor.
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