Cali, junio 30 de 2026. Actualizado: martes, junio 30, 2026 17:23
Hay frases que no admiten interpretaciones forzadas. Cuando una dirigente de la Juventud Comunista de Colombia afirma que la tarea de su movimiento será “hacer invivible este país a Abelardo de la Espriella“, no está anunciando una oposición democrática, está planteando una estrategia que, si se lleva a la práctica, implica hacerle daño a Colombia con tal de que al nuevo Gobierno le vaya mal. Es una postura inadmisible, mezquina e irresponsable.
Nadie puede pretender ahora decir que sus palabras fueron sacadas de contexto, el video es claro. También lo es el llamado a “comprar zapatos” porque “lo que se viene es calle“.
El mensaje deja la sensación de que algunos sectores no están dispuestos a aceptar las reglas de la democracia y prefieren trasladar la disputa política a escenarios de confrontación permanente.
Hacer oposición es legítimo, pero buscar deliberadamente que un país sea ingobernable no lo es.
Colombia acaba de elegir un nuevo presidente mediante unas elecciones cuya transparencia fue reconocida por organismos nacionales e internacionales.
El camino democrático establece que quien pierde ejerce oposición, pero una cosa es eso y otra, muy diferente, es dedicarse a sabotear el funcionamiento del Estado.
Resulta inevitable recordar que el petrismo llegó al poder después de capitalizar políticamente el mal llamado estallido social de 2021.
Por eso generan preocupación discursos que parecen reivindicar nuevamente la calle, los bloqueos y la confrontación como instrumentos de acción política y surge, entonces, una pregunta inevitable: ¿pretenden crear otra vez un clima de caos para intentar regresar al poder en 2030?
El propio presidente saliente, Gustavo Petro, ya anunció que asumirá la jefatura de la oposición.
Tiene todo el derecho de hacerlo, pero lo que no tendría justificación sería que esa oposición termine promoviendo o tolerando estrategias dirigidas a paralizar el país.
A Petro nadie le volvió invivible el país, tuvo una oposición intensa, sí, y un control político permanente y fuertes críticas, pero todo dentro del marco de la democracia.
La democracia no consiste en celebrar únicamente cuando se gana, también exige aceptar la derrota, respetar las instituciones y entender que, cuando se busca perjudicar deliberadamente al Gobierno, los primeros perjudicados siempre terminan siendo los colombianos. Oposición sí; sabotaje al país, nunca.
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