Piromanía

Natalia Bedoya

La izquierda radical pretende llevarnos por las sendas de Venezuela, pretende polarizar el país con el único objetivo de desestabilizar al Ejecutivo, con el sueño de, algún día, llegar al poder. Ante la imposibilidad de lograrlo en las urnas, pretenden hacerlo con dosis de odio inyectadas a mi generación que, con la ingenuidad de desconocer la verdadera historia de Colombia, carga con un odio que no les corresponde.

Con dosis de odio cotidianas, nuestros jóvenes son instrumentalizados para generar caos y conmoción. Un verdadero demócrata defiende la institucionalidad, pero un pirómano encuentra un motivo para incendiar el país.

Colombia vivió en las últimas semanas marchas sin precedentes, pero no por el mensaje que lograron trasmitir sino por la ola de violencia que desataron en las ciudades. Lo que vivió Cali, por ejemplo, fue escalofriante. Los vándalos ingresaron a las casas como si estuviéramos en medio de una guerra civil, sin reparo, invadieron la propiedad privada y la fuerza pública se quedó corta para defendernos.

Otros decidieron dañar los bienes públicos, como si repararlos no fuera tarea de todos a través de los impuestos que pagamos.

Pidieron diálogo y habiendo voluntad del gobierno de lograr un consenso, el pirómano mayor insiste en la confrontación violenta. No les interesa el futuro del país, su objetivo es incendiar las calles de nuestra amada Colombia, pero se equivocan si creen que no saldremos también a las calles los demócratas que defendemos la institucionalidad y el Estado social de derecho.

El pirómano no es el estudiante que protesta pacíficamente, es quien, a través de su cuenta de Twitter, insiste en el vandalismo. Sí a la protesta, pero no al vandalismo. ¡Animo, Colombia!

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