Los caminos al autoritarismo

María Sol Navia

Si bien los gobiernos autoritarios y las dictaduras, especialmente las militares, a finales del siglo pasado disminuyeron sustancialmente y surgió la expectativa de que poco a poco continuarían por ese camino, con la llegada de siglo XXI empezaron a florecer otros tipos de autoritarismos y dictaduras, no menos agresivas, violentas y también asesinas.

El turno ha sido para civiles políticos u outsiders que llegan al poder generalmente mediante elecciones, en las que utilizan maniobras populistas y mentiras que engañan a la gente, y rápidamente empiezan a evolucionar hacia estrategias como constituyentes amañadas u otras formas de cambios institucionales para convertirse en dictadores y autócratas.

Cuando les estorban los controles institucionales, la separación de poderes o la justicia y los organismos de control, buscan la manera de eliminarlos, cooptarlos o comprarlos para someterlos a sus caprichos.

Colombia atraviesa una época crítica, quizá una de las más duras: la economía estancada, las exportaciones a la baja, el desempleo empezando a crecer, la terrible informalidad, todos estos elementos han llevado al estancamiento y están afectando el consumo que ha venido jalonando la economía y el crecimiento.

La inseguridad y los delitos contra los ciudadanos desbordados, la inversión disminuyendo, con la que se construye el futuro crecimiento y desarrollo.

Hubo épocas hace años cuando a pesar de los problemas que atravesara el país la economía se mantenía, pero hoy la desconfianza, la inseguridad jurídica y social, la impunidad a los grandes crímenes tienen a la población paralizada sin decisiones para nuevas inversiones y proyectos.

El temor por el permanente anuncio y expedición de normas que afectan a las empresas y destruyen la confianza en que la autoridad sancionará el delito y los culpables, respaldando los ciudadanos honestos y castigando los reclutadores de niños, asesinos, secuestradores, extorsionistas, etc. Es la consecuencia de las políticas públicas y la causa del retroceso económico y social del país.

En fin, son muchos los frentes urgentes, no el cambio de las instituciones que nos puede acabar de descarrilar. Las prioridades deben ser la seguridad, el ataque a todos los tipos de malandros que tienen bajo su poder cada vez más territorios y zonas de las ciudades acogidos a la confianza que todo se negocia para lograr impunidad, el fortalecimiento del ejercito y toda la fuerza pública que han sido objeto de desmantelamiento y trato despectivo y nos han llevado a la situación de precariedad de la autoridad y al asesinato cruel y despiadado de soldados y militares fieles a su promesa de cumplir la constitución y defender la población y la soberanía del país.

Y la otra prioridad es el empleo formal, no subsidios indefinidamente para ir sembrando votos, sino la creación de oportunidades y frentes de trabajo propiciando la creación de empresas y la inversión productiva que el sector privado está listo a ejecutar y que traen equidad y desarrollo.

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