Mario Germán Fernández De Soto

¿Legalizar las drogas?

Mario Germán Fernández De Soto

No hay nada más lesivo para la vida democrática del país que el tráfico ilegal de sustancias alucinógenas. Durante nuestra historia, desde la llamada “bonanza marimbera” hasta nuestros días, la dañina influencia del narcotráfico ha minado las instituciones nacionales, comenzando por la familia y la sociedad misma, padeciendo dolor y muerte por la ambiciosa carrera del “enriquecimiento rápido” que trastorna a quienes incursionan en este tipo de actividades.

¿Cuántas vidas ha puesto Colombia en una guerra que parece perdida ante el crecimiento de este fenómeno? Es, en verdad, éste el combustible que genera desolación y violencia en las zonas más apartadas de la producción cocalera, pero también desestabiliza los centros urbanos con el microtráfico, que acaba con los jóvenes por la lucha de su comercialización o de su consumo.

Las cifras siguen siendo alarmantes a pesar de que se registra un 7% menos de la siembra de amapola en 143.000 hectáreas utilizadas en nuestro territorio para tal fin, pero paradójicamente la producción de cocaína sigue alcanzando niveles récord que según el Sistema Integrado de Monitoreo de las Naciones Unidas contra la Droga, ONUDD llegaron en 2021 las 1.228 toneladas métricas, representando un aumento del 8% frente al año inmediatamente anterior en virtud a los creativos métodos de producción en megalaboratorios cada vez más sofisticados.

La influencia que produce el mercado de las “drogas ilícitas” afecta notoriamente las economías transnacionales que inciden sobre los gobiernos y sus decisiones para tratar de seguir avanzando en su propósito de buscar aliados para la legalización, como si la comercialización de estupefacientes constituyera una actividad necesaria para la vida humana.

Quienes están a favor de legalizar plantean argumentos como que bajaría el precio, se dejarían de gastar tantos recursos en combatir las drogas, se eliminaría la financiación de grupos subversivos, bajarían las cifras de víctimas inocentes y se aprendería a convivir con los narcóticos. Nada más alejado de la realidad. Creo que es distinto.

En los países donde se ha legalizado no ha bajado el consumo. Las víctimas siguen siendo quienes padecen de una adicción convertida ahora en un problema de salud pública mental y, de la misma forma, se ha incrementado la criminalidad. Pienso que no se pueden legalizar las drogas porque definitivamente se atentaría contra la vida misma y se entregaría el país a unos pocos para satisfacer sus nefastos propósitos. No a la droga.

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