Para nadie es un secreto, que la actual pandemia derivada del Covid-19 ha sido uno de los desafíos más grandes afrontados no solo por nuestro país, sino por el mundo entero en los últimos 40 años.
Este ha sido un desafío “democratizado”, ya que todos los habitantes del planeta lo hemos tenido que afrontar y, al menos inicialmente, estábamos en las mismas condiciones para enfrentar semejante reto que puso en jaque no solo la vida humana sino la economía global en sí misma.
Inicialmente estábamos en las mismas condiciones, pero ya no, la diferencia en la efectividad de las estrategias y acciones adoptadas por cada uno de los gobiernos desde finales del 2020, ha comenzado a marcar una diferencia bastante notable en el impacto sufrido en cada uno de los territorios a nivel global.
Es así como encontramos que a principios de la pandemia el continente europeo, específicamente Italia, Reino Unido, Francia y España, afrontaron momentos de gran dificultad, entre otras cosas por su sobre exposición a la llegada de personas del exterior (especialmente de China), debido a su fuerte dinámica receptiva de turistas y al alto porcentaje de adultos mayores que componen su pirámide poblacional.
Sin embargo, a partir de las políticas adoptadas en sus territorios (principalmente acceso a vacunas), con el pasar de los meses España, Francia, Italia y de forma más tardía Reino Unido, parecen haber encontrado una meseta de contagios que les ha permitido controlar lo más importante: la tasa de muertes por coronavirus y mantener en niveles “controlables” la tasa de ocupación de los centros de salud.
Caso contrario ocurre en otras latitudes del mundo.
India y Estados Unidos presentan dos casos particulares, ya que, si se evalúa el manejo del desafío por el número de contagios y muertes a partir del mismo, sus estadísticas son poco alentadoras, sin embargo, si lo miramos con la lupa económica, vemos una rápida transición que no afectó en mayor medida la dinámica de las economías de sus países, especialmente en el país norteamericano.
En tercer lugar está a América Latina, una región que se encuentra en el peor de los escenarios, ya que ha afrontado altos índices de contagios y mortalidad, así como una alta afectación de sus frágiles economías, que están pasando una factura de alto costo social debido a la debilidad de sus tejidos empresariales y a la histórica pobreza de sus finanzas estatales.
En el subcontinente encontramos unos puntos críticos: México, Brasil, Perú y Colombia.
El primero de estos por su gran población cercana a los 130 millones de habitantes y por la falta de efectividad y transparencia de sus procesos, así como de un sistema de salud inadecuado en términos de capacidad de atención para una población de este tamaño, han generado el “caldo de cultivo” para la proliferación de los contagios en todo su territorio.
En Brasil, es claro que el desafío se convirtió en un asunto mayúsculo, en gran medida debido a un gobierno federal irresponsable en la forma de enfrentar la situación, cuyo presidente ha minimizado el riesgo y las consecuencias del Covid-19 en múltiples ocasiones, generando un peligroso mensaje entre los brasileños.
Perú por su parte, ha sufrido un embate fuerte en materia de salubridad, así como social y económica, debido a diversos factores, entre los cuales se pueden destacar los altos niveles de improvisación por parte de sus autoridades, un sistema de atención primaria de salud históricamente débil y los bajos niveles de gobernabilidad del ejecutivo nacional que con distracciones derivadas de discusiones políticas completamente inoportunas, no tuvo el liderazgo suficiente que exigían las circunstancias actuales.
Colombia, donde ya traspasamos la barrera de los 100 mil fallecidos a causa del covid-19, cifra muy superior a los 40 mil proyectados por el gobierno nacional a principios de la pandemia, dan muestra de la pobre, ineficaz y poca asertiva actuación para la contención de la amenaza en nuestro país, eso sin contar la difícil situación económica enfrentada por el empresariado, donde las micro, pequeñas y medianas empresas han afrontado la peor parte, derivando en despidos de trabajadores y en un menor flujo comercial y financiero, situaciones que se traducen en potenciar los de por sí grandes desafíos sociales de nuestro país.
El tardío acceso a vacunas y su inicialmente lenta administración, así como la improvisación logística y la presencia de actos de corrupción en el plan de vacunación, son claramente factores decisivos para que al gobierno nacional (quien debe asumir la responsabilidad), se le haya “salido de las manos” el manejo de la pandemia y hoy tristemente Colombia, es uno de los cinco países con mayor número de muertes por millón de habitantes del mundo, registrando esa fatídica cifra de 100 mil muertos por Covid-19.
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