Le resultó un nuevo defensor a la insistencia absurda de construir una carretera entre Mulaló y Dagua para dizque acortarle el trayecto a los caleños que vayan a Buenaventura.
El electo representante a la Cámara Santiago Castro, que ya fue representante en varios períodos de antaño antes de jubilarse en Asobancaria, ha dado contundentes declaraciones defendiendo esa retrógrada carretera de un solo carril, incapacitada para prestar servicio a camiones que vayan uno tras de otro a más de 40 kilómetros por hora, pero que para construirla asesina miserablemente focos ecológicos y acuíferos insustituibles en la montaña occidental.
La terquedad de Castro es tan antológica como muy propia de la oligarquía caleña. Si en vez de ponerse la mano en el pecho para que no se le salgan las plumas el señor Castro piensa que es mucho mejor apoyar la construcción de la segunda calzada de la carretera Yumbo-Buga y permitir así que los tractocamiones avancen a 80 kilómetros por hora, le prestaría más servicio a Colombia que insistiendo en el capricho de una clase empresarial dañina e injusta que no aprendió ni del estallido social ni del triunfo arrollador del Pacto Histórico en las urnas caleñas.
Al Valle hay que defenderlo del desprecio que le está dando el presidente electo a la gobernadora y al alcalde de Cali.
Y lo que necesita son vías como la propuesta en doble calzada no elefantes blancos como el de Castro.
O, si de verdad piensan con sensatez, el Valle debe exigir que no dejen hundir en la desidia el aeropuerto de Palmaseca, abandonado a su suerte desde hace 9 meses.
Mala bandera entonces la que ha empuñado Santiago Castro para reaparecer en política luego de demostrar su sapiencia como economista dirigiendo la agremiación nacional de bancos de Colombia.
Pero cuando primero va la terquedad caleña, hasta los gallos terminan poniendo huevos entremedios de su plumerío.
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