Cali, agosto 12 de 2026. Actualizado: martes, agosto 11, 2026 21:27
La adolescencia es una de las etapas más importantes para el crecimiento y el desarrollo físico, emocional y cognitivo.
En estos años, el organismo necesita una alimentación equilibrada que aporte la energía y los nutrientes necesarios para enfrentar los cambios propios de esta etapa.
Sin embargo, también es un momento en el que las decisiones sobre la comida comienzan a estar influenciadas por factores externos como la publicidad, las redes sociales, las tendencias de internet y la presión del grupo de amigos.
Por eso, más que imponer reglas o prohibiciones, el reto para madres, padres y cuidadores consiste en acompañar a los adolescentes para que desarrollen una relación sana, consciente y equilibrada con la alimentación.
Los datos en Colombia evidencian la necesidad de fortalecer los hábitos alimentarios desde el hogar.
– 8 de cada 10 adolescentes consumen productos ultraprocesados o de paquete de manera habitual.
– Solo 1 de cada 10 consume la cantidad diaria de frutas y verduras recomendada para una alimentación saludable.

1. Involúcralos en las decisiones sobre la comida
Los adolescentes desarrollan mayor compromiso cuando sienten que sus opiniones son escuchadas. Invitarlos a hacer el mercado, planear el menú semanal, leer las etiquetas de los alimentos o preparar recetas en familia les permite conocer mejor lo que comen y fortalece su autonomía para tomar decisiones saludables dentro y fuera de casa.
La alimentación deja de ser una obligación para convertirse en una experiencia compartida.
2. Aprendan a leer el etiquetado frontal de advertencia
Los sellos u octágonos negros son una herramienta sencilla para identificar productos con exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas o grasas trans.
Enseñarles a interpretar estos sellos les brinda criterios para elegir mejor cuando compran alimentos por su cuenta. Siempre que sea posible, prioricen productos frescos o aquellos que no presenten advertencias nutricionales.
3. Reconozcan las señales de alerta
Es normal que durante la adolescencia cambien los horarios y las rutinas de alimentación. Sin embargo, existen comportamientos que merecen atención.
Saltarse con frecuencia las comidas principales, mostrar una preocupación excesiva por el peso, restringir grupos completos de alimentos o buscar medicamentos, suplementos o productos para adelgazar sin supervisión médica pueden ser señales de que algo no está bien y requieren acompañamiento oportuno.
Hablar del tema con empatía, sin críticas ni juicios, facilita que los adolescentes expresen sus inquietudes y pidan ayuda cuando la necesiten.
4. Desarrollen una mirada crítica frente a las redes sociales
Hoy buena parte de los mensajes sobre alimentación, dietas y apariencia física llegan a través de internet. Muchos influenciadores promocionan productos porque reciben un pago, muestran imágenes retocadas con filtros o utilizan inteligencia artificial para crear cuerpos y estilos de vida irreales.
Conversar con los adolescentes sobre estos contenidos les ayuda a comprender que no todo lo que circula en redes representa una realidad y que la salud siempre debe estar por encima de los estándares de belleza impuestos por el entorno digital.
5. Recuerda que el ejemplo sigue siendo la herramienta más poderosa
Los hábitos se aprenden mucho más por observación que por discurso. Cuando en casa se disfruta una alimentación variada, se comparte la mesa en familia y se habla del cuerpo desde el respeto y el autocuidado, los adolescentes incorporan esos comportamientos de manera natural.
Más que buscar la perfección, el objetivo es construir un entorno donde alimentarse sea un acto de bienestar, equilibrio y disfrute.

La adolescencia es una oportunidad para enseñar a tomar decisiones responsables que acompañarán a las personas durante toda su vida.
El papel de madres, padres y cuidadores no es controlar cada elección, sino brindar información, generar espacios de diálogo y convertirse en el mejor ejemplo de una relación saludable con la comida.
Pequeñas acciones cotidianas, sostenidas en el tiempo, pueden marcar una gran diferencia en la salud física y emocional de los adolescentes, ayudándoles a desarrollar hábitos que los acompañarán mucho más allá de esta etapa de crecimiento.
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