Cali, agosto 12 de 2026. Actualizado: martes, agosto 11, 2026 21:27

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Innovación que transforma la industria

La inteligencia artificial ya está reduciendo hasta 30 % los costos energéticos de las empresas

Mientras Colombia concentra el debate en la transición energética, un problema menos visible sigue costando millones de pesos a las empresas: el desperdicio de energía.

La falta de información sobre cómo, cuándo y dónde se consume la electricidad mantiene ocultas ineficiencias que elevan los costos operativos entre un 15 % y un 30 %.

En entrevista con Diario Occidente, Nicolle Quijano, gerente de estrategia y José Luis Oyaga, gerente de innovación y tecnología de Cotel, explican cómo el uso de inteligencia artificial está permitiendo anticipar fallas críticas, optimizar el consumo energético y convertir la eficiencia en una nueva fuente de competitividad para la industria, los hospitales y la infraestructura estratégica del país.

Colombia habla mucho de transición energética, pero pocas veces de eficiencia energética.

¿Cuánta energía y cuánto dinero están perdiendo hoy las empresas simplemente porque no saben exactamente cómo consumen?

En Colombia, las empresas desperdician entre un 15% y un 30% de sus costos operativos y energéticos.

La mayoría gestiona su consumo basándose únicamente en la factura mensual: un rubro que se paga sin comprender.

Existe un desconocimiento sobre el consumo real por línea de producción, sede o equipo, así como de los momentos exactos en que se generan los picos de demanda que disparan los costos.

Esta falta de visibilidad tiene un impacto financiero directo, permitiendo que las ineficiencias se acumulen mes tras mes por la ausencia de medición.

Aunque la transición energética es tendencia, antes de enfocarnos en generar nuevas fuentes, Colombia debería priorizar la eficiencia en el uso de los recursos actuales.

Ustedes utilizan inteligencia artificial para anticipar fallas hasta con 10 días de anticipación.

Un ingeniero revisando gráficos analíticos de consumo eléctrico en una tableta digital dentro de la sala de máquinas automatizada de una planta industrial.

¿Qué significa esto en la práctica para una industria, un hospital o una infraestructura crítica donde detener operaciones puede costar millones?

En infraestructura crítica, lo que está en juego no es solo el equipo que falla, sino lo que depende de él: la vida de un paciente en cirugía, la continuidad de una operación que no puede detenerse, la reputación de una empresa que le falló a un cliente. Antes de hablar de costos, hay que hablar de eso.

Anticiparse a una falla, en lugar de simplemente detectarla cuando ya está ocurriendo, significa que un hospital no se entera de que el respaldo eléctrico falló en plena cirugía, sino que programa el mantenimiento en una ventana donde no hay pacientes en riesgo.

Significa que una planta no detiene su producción a mitad de un turno, sino que interviene el equipo cuando es seguro hacerlo.

Con esa base resuelta, entra la parte técnica: UAI redefine la gestión de activos al anticipar el riesgo de falla con una capacidad predictiva que transforma radicalmente la operación — pasamos de un modelo reactivo a uno basado en la condición real del activo.

Esto permite detectar anomalías con suficiente margen de maniobra, programando intervenciones en ventanas de bajo impacto y evitando así paradas de emergencia, sobrecostos logísticos y sanciones por incumplimiento de Acuerdos de Nivel de Servicio (ANS).

Más allá de la alerta, nuestra tecnología actúa como un consultor inteligente: el módulo de IA Expert emite hallazgos prescriptivos que indican al técnico exactamente qué acción tomar, bajo qué norma técnica internacional (como ASHRAE o IEEE) y qué ajustes operativos realizar para optimizar el uso y extender significativamente la vida útil de la infraestructura.

Y solo entonces llega la plata: evitar una sola parada no programada, un solo incumplimiento de ANS o un solo daño prematuro de un activo crítico puede representar ahorros de millones — pero eso es una consecuencia de proteger primero lo que realmente importa, no el punto de partida.

Muchas compañías revisan la factura de energía solo para pagarla. ¿Qué información oculta hay detrás de esos datos y cómo la inteligencia artificial puede convertir una factura en una herramienta de ahorro?

La factura de energía no es solo un recibo de pago; es un documento que oculta la estructura real del gasto de una compañía.

Detrás de un valor a pagar se esconde información granular valiosa sobre cobros de energía reactiva, cargos fijos, contribuciones y fluctuaciones en las tarifas unitarias.

UAI transforma estos recibos en una poderosa herramienta de ahorro al automatizar la extracción de datos de múltiples comercializadores, comparando cada factura contra el histórico de la sede para detectar sobrecostos injustificados y anomalías tarifarias antes de que afecten los estados financieros.

Además, el sistema emite alertas preventivas ante vencimientos para evitar cortes y traduce el consumo en indicadores de sostenibilidad verificables, como toneladas de CO2 y árboles equivalentes.

Con UAI, la factura deja de ser un gasto fijo que se paga sin mirar para convertirse en el punto de partida de la eficiencia financiera y operativa.

En momentos donde Colombia discute riesgos energéticos, costos altos y necesidad de sostenibilidad, ¿puede la tecnología ser la nueva forma de producir energía sin construir más infraestructura, simplemente eliminando desperdicios?

Definitivamente. Existe el mito de que para tener más energía hay que generar más, pero la realidad es que el desperdicio energético es, en sí mismo, una fuente de energía no explotada.

La verdadera ‘producción’ de energía hoy no ocurre solo en las centrales eléctricas, sino en la capacidad que liberamos al eliminar el consumo innecesario.

Cuando usamos IA para armonizar el edificio con su ocupación real —ajustando la climatización dinámicamente solo donde hay personas y solo cuando es necesario—, no estamos simplemente reduciendo un costo; estamos convirtiendo cada edificio en un activo inteligente que deja de drenar recursos de la red nacional.

Si logramos que las grandes corporaciones operen con este nivel de precisión, el impacto es equivalente a inyectar capacidad de generación al sistema, pero sin una sola obra civil, sin impacto ambiental y con una respuesta inmediata.

La tecnología nos permite, literalmente, ‘extraer’ energía de la ineficiencia, transformando el consumo pasivo en una gestión energética activa y sostenible.

Cotel nació en el Valle del Cauca y hoy tiene potencial para escalar internacionalmente.

¿Qué tiene que pasar para que más empresas tecnológicas de la región compitan con soluciones globales y atraigan inversión extranjera?

Hace falta perder el miedo a pensar en grande desde el Valle del Cauca.

Muchas veces la región desarrolla tecnología de nivel mundial, pero se queda pensando en mercado local por costumbre, no por limitación real.

Lo que necesitamos es un ecosistema que conecte a estas empresas con capital de riesgo internacional, con mentoría de quienes ya escalaron, y con la confianza de que un producto hecho aquí puede competir de tú a tú con cualquier solución global.

En Cotel llevamos 35+ años construyendo la base técnica y ahora estamos dando el paso hacia mercados internacionales; creemos que ese camino —tecnología robusta, primero validada en casa, luego proyectada afuera— es replicable para otras empresas de la región.


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