Un 7 de agosto del 2022, nuestro país perdió la cordura. Se posesionaba el primer gobierno de izquierda, un gobierno por el que votaron, aparte de los comunistas que entonces existían, que no eran muchos, liberales y conservadores convencidos que ese nuevo mando sería la alternativa que Colombia esperaba para cambiar “tantas dificultades, mentiras y subdesarrollo”, que, según decían, ahogaban a la patria gracias a los “malos gobiernos de entonces”, desconociendo que hubo un gobierno como el de Álvaro Uribe Vélez, reelegido por su impronta de ser buen presidente y que logró imponer un estilo de gobierno positivo pese a ese malhadado prurito de tener que enfrentar a unas guerrillas que causaban mucho daño y estaban en camino de dejar de ser ideológicas para convertirse en lo que todo el mundo sabe.
Hoy, después de Petro, una azarosa experiencia gubernamental, la mayoría de los colombianos tenemos la posibilidad de recomenzar una nueva historia.
Nos cansamos de tanto populismo, de tanto engaño. Chávez en Venezuela, buscando la aprobación de su reforma constitucional para aferrarse al poder indefinidamente, subió el 30 por ciento el salario mínimo; los empresarios cerraron sus empresas y se fueron a buscar nuevos rumbos, mientras el pueblo, sin empleo ni salud, desesperado, salió a buscar una “nueva vida” utilizando las trochas para llegar a otros países vecinos.
De allí en adelante, esa vivencia ha sido una desgracia.
En Colombia, el gobierno saliente, también, sin consenso previo, hizo lo mismo solo que, el empresariado fue tozudo y decidió quedarse ayudando a que el país no se quebrara totalmente.
Sin embargo, lograron pauperizarnos la salud, causando miles de muertos. El sistema eléctrico está a punto de naufragar, por lo mismo, pauperización.
El petróleo y el gas, igual. Afortunadamente, la USO, su importante sindicato, ha logrado que tan valiosos elementos no se paupericen demasiado. Muchas Pymes y MiPymes tuvieron que cerrar dejando miles de desempleados.
Los inmensos préstamos internacionales con altísimos intereses en dólares, no se reflejaron ni en infraestructura ni en razones de vida.
El nuevo gobierno, en visita a EE. UU. y en reunión con el Banco Mundial, descubrió que Colombia debe, solo en intereses de color verde, el 2.5% del PIB.
¿Saben que es eso? No se los digo para evitar dolores de cabeza. Y para no empeorar nuestra presión arterial, no mencionemos muchas otras cosas malévolas.
No la tendrá fácil el nuevo gobierno. Afortunadamente, EE.UU. y Europa, le tenderán la mano al país, conocedores del difícil gobierno que se va. Dios quiera que así sea.
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