Las elecciones de 2026 no solo cambiaron un gobierno. Dejaron al descubierto el cansancio de millones de colombianos frente a una política que, durante cuatro largos años, confundió el poder con la confrontación y las promesas vacías con los resultados.
Las urnas hablaron. En democracia esa voz no se interpreta; se respeta!
La elección del nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, abre una etapa que estará llena de expectativas, pero también de enormes responsabilidades.
Los ciudadanos no otorgaron un cheque en blanco. Entregaron un mandato para recuperar la seguridad, reactivar la economía, fortalecer las instituciones y devolverle al Estado la capacidad de responder a los problemas reales de la gente.
Los desafíos son inmensos. Colombia sigue enfrentando problemas de orden público, incertidumbre económica, presión sobre las finanzas públicas y profundas brechas sociales.
Ninguno de ellos se resolverá con discursos ni con la lógica de convertir en enemigo a quien piensa diferente.
Gobernar exige carácter, prudencia; firmeza, al igual que capacidad para construir acuerdos alrededor del interés nacional.
El Valle del Cauca también espera respuestas. Nuestra región necesita recuperar la tranquilidad de sus municipios, fortalecer a quienes producen empleo, invertir en infraestructura estratégica como el tren de cercanías para conectar el área metropolitana del sur occidente; la vía Mulaló – Loboguerrero, proyecto clave para reducir tiempos y costos logísticos con el centro del país; además del centro de alto rendimiento deportivo que tanta falta le hace a esta tierra de campeones.
De igual forma, respaldar al sector agropecuario y brindar oportunidades reales a los jóvenes. El desarrollo del país será incompleto mientras regiones como la nuestra no puedan desplegar todo su potencial.
La confianza ciudadana no se recuperará sólo con campañas publicitarias. Se recupera cuando una madre puede caminar tranquila con sus hijos; cuando un comerciante abre su negocio sin miedo a la extorsión; cuando un emprendedor encuentra reglas claras para invertir; cuando un joven descubre que el mérito vuelve a ser el camino para salir adelante y alcanzar sus sueños.
Hoy Colombia tiene una nueva oportunidad. No será fácil. Ningún gobierno puede resolver en pocos meses los problemas acumulados durante años.
Pero sí puede marcar una diferencia si gobierna con transparencia, respeto por las instituciones y la convicción de que el servicio público existe para mejorar la vida de las personas a quienes dirige.
La historia recordará quién ganó las elecciones. Pero los colombianos recordarán, sobre todo, a quién estuvo a la altura de la responsabilidad que el país le confió.
Ese debe ser el compromiso de quienes hoy tienen el privilegio de estar al frente para servir a Colombia.
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