La doble moral

Hugo E. Gamboa Cabrera

Esa caracterización que nos identifica a los colombianos o, a muchos colombianos, es una de las cosas que no deja que Colombia, un país bello y con todas las posibilidades de ser desarrollado y con excelente bienestar social, salga adelante. Por ejemplo, en la época de Ernesto Samper, cayeron como fichas de ajedrez reconocidos políticos encabezados por Eduardo Mestre Sarmiento, quién era Designado de la República (hoy vicepresidente) y tenía deseos de ser Primer Magistrado.

Por el bien de la nación, fue apresado y condenado. Pero lo más doloroso es que en esa misma etapa, nefasta, es cuando el país tenía un contralor y un procurador de la nación, involucrados con mafiosos; afortunadamente, también fueron condenados. Recuerdo que Samper, desesperado, prometió, como sofisma de distracción, crear 1´600.000 empleos para reactivar la economía, lo que nunca sucedió.

 Y ni hablemos de César Gaviria, quien tuvo dos ministros de hacienda que casi acaban con el campo colombiano: Guillermo Perry y Rudolf Homes; sin embargo, hay que verlos ahora. Al expresidente, posando de “gran colombiano”, sin olvidar que le “entregó” el país a Pablo Escobar, quién aprovechando la fragilidad del gobierno, se entregó bajo la condición que le dejaran construir un palacio para él y sus sicarios, de donde se volaron cuando quisieron. Y sus dos exministros, posando hoy, en sus escritos, de maestros de la verdad, aconsejando y desaconsejando cómo manejar la economía de la nación.

Son muchas las historias de esta índole que podríamos revivir, pero, por ahora, paremos, solo que, preocupante que hoy, el país siga teniendo dirigentes relacionados con mafiosos.

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