Uno de los objetivos de Juan Manuel Santos y sus amigos, incrustados en el congreso, en las altas Cortes y en los grandes medios de información, cuando dejaron el poder de la “mermelada” y el despilfarro, fue de buscar la forma de hacer que el gobierno de Iván Duque fuese ingobernable.
Y lo están logrando, gracias a la tibieza y decencia del gobierno nacional. Lo cierto es que tipejos como Roy Barreras, Iván Cepeda, Gustavo Petro y otros conocidos de autos, calladitos ante las acusaciones contra la guerrilla por reclutamiento de menores, violaciones y abortos, por la entrega de 282 mil hectáreas de coca, prohibición de la fumigación, desmantelamiento de la contrainteligencia e inteligencia de las fuerzas armadas para darle gusto a los alzados en armas, a cambio de una “bendita” firma y de una increíble impunidad, que le brindara al presidente un nobel y a sus amigotes muchos contratos con los que se enriquecieron a costa del bienestar del pueblo colombiano.
Y lo lamentable es que detrás de todo este ataque contra la institucionalidad nacional, está el narcotráfico, representado por quienes mencioné anteriormente y por representantes de la iglesia como “monseñor” Monsalve.
No ve uno cosa distinta en sus actitudes, defendiendo como extremistas de una ideología, una sistemática estrategia contra un gobierno bien intencionado, que recibió un hueco fiscal de más de 25 billones de pesos, una deuda externa triplicada, una educación mal financiada y terriblemente diseñada, una salud vuelta añicos y una corrupción galopante. Y el país ahí, como los venezolanos cuando se dejaron convencer de un Chávez prometiendo miel en vez de expropiaciones.
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