45 años de infatigable labor en las tablas deber tener algún reconocimiento. Creería que uno de ellos es el aplauso cálido del público y en especial de los jóvenes que asisten cada sábado a las funciones teatrales que Orlando Cajamarca convoca en ese refugio del arte, incrustado en el pie de la falda en el tradicional barrio “Tejares de San Fernando”.
Entregarse al teatro como la hace Cajamarca, dejando a un lado su profesión de médico, es otra de las bellas maneras que se tiene en el mundo para curar heridas, muchas dejadas por el desplazamiento, la marginalización o ese deseo de querer y no poder lograr las metas propuestas por la carencia de afecto, de recursos o de un guía que lo lleve por buen sendero.
Esa es la labor social del proyecto teatral Esquina Latina.
La puesta en escena de sus diferentes creaciones es impecable. La música y las letras de las canciones que recrean las obras son creadas, algunas, por los mismos jóvenes.
El vestuario, la ambientación, el colorido hacen que una pequeña sala de teatro se transforme en buque, en selva, en noche triste o en un espacio íntimo para el amor.
Hay una manera de mostrar la vida en las obras de Cajamarca y siempre enseña, ilustra, da ejemplo para continuar la brega; en otras cuestiona y denuncia, sin tapujo alguno.
Por eso invito a que los sábados a las 7:30 p.m. acudan a Esquina Latina para adentrarse a un mundo que les conmoverá, por la dulzura y la verdad con que muestra sus obras.
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