Adrián Zamora Columnista

Irán, el régimen que nadie logra enterrar

Adrián Zamora

La República Islámica de Irán nació en 1979 con la revolución liderada por Jomeini.

Desde entonces ha sobrevivido una guerra devastadora con Irak, décadas de sanciones internacionales, protestas masivas en 2009, 2019 y 2022, e incluso los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel en 2025 y 2026 que destruyeron buena parte de su infraestructura militar y nuclear.

Este régimen lleva 47 años siendo declarado muerto por sus enemigos y 47 años demostrándoles lo contario.

La muerte de Alí Jamenei parecía ser la prueba definitiva para tensar esa capacidad de resistencia. Sin embargo, lejos de desencadenar el colapso que muchos anticipaban, inauguró la disputa sobre quién controlará la próxima versión de la República Islámica.

Durante años, Jamenei gobernó apoyado en una alianza estratégica con el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI).

Esa relación permitió consolidar un sistema donde las instituciones civiles coexistían con un poder militar cada vez más influyente.

Su eliminación no debilitó esa estructura; por el contrario, parece haber acelerado la transición hacia un Estado más pretoriano, donde la seguridad, la economía y la política exterior convergen bajo una misma lógica de poder religioso.

La expectativa de que “la pequeña incursión” de Trump y Netanyahu desencadenaría el colapso interno del régimen, envejeció mal.

La gran incógnita es si esta concentración de poder representa un punto de llegada o apenas una transición.

Aquí es donde los análisis divergen. Para Afshon Ostovar, la desaparición de varias figuras duras del régimen podría abrir una estrecha ventana para que sectores más pragmáticos recuperen influencia.

Suzanne Maloney, en cambio, considera que la dinámica apunta en la dirección opuesta, hacia una CGRI más dominante, un presidente con escaso margen de maniobra y una estructura institucional cada vez menos receptiva al pluralismo.

Sin embargo, ambos coinciden en que la sociedad iraní sigue siendo un actor relevante.

Comerciantes tradicionales, sectores productivos golpeados por la crisis y una generación joven que no tiene vínculo emocional alguno con la revolución de 1979 conforman una base potencial para exigir cambios.

La posibilidad es remota, pero en geopolítica la diferencia entre improbable e imposible suele ser decisiva.

Pero incluso si el régimen logra consolidarse, eso no significa que haya ganado.

De hecho, uno de los rasgos más persistentes de la historia iraní ha sido su capacidad para ganar conflictos, pero sin resolver sus problemas de fondo.

En 1982, durante la guerra con Irak, Teherán rechazó una oferta de paz que le habría permitido terminar el conflicto en condiciones favorables. Seis años después, tras cientos de miles de muertos y una economía exhausta, terminó aceptando un resultado muy parecido al que había desechado.

El riesgo actual es similar. Un régimen más militarizado puede sobrevivir a los ataques externos y fortalecer su capacidad de coerción, pero la reconstrucción económica, las tensiones internas del propio CGRI y el desgaste social plantean desafíos mucho más complejos.

Por lo que la supervivencia de hoy podría convertirse en la fragilidad de mañana, especialmente si sus dirigentes confunden su capacidad de resistencia con una victoria estratégica.

La pregunta entonces no es solo qué ocurrirá con el CGRI. ¿Podrán los sectores reformistas articular una alternativa creíble?, ¿hasta qué punto la juventud iraní aceptará una nueva fase de control político?, ¿y cuánto tiempo puede sostenerse un sistema cuya principal herramienta de negociación es la administración permanente de la crisis?

Irán no es un régimen en agonía, sino en mutación. El desafío para el mundo será entender que la estabilidad de Medio Oriente dependerá menos de los misiles y más de la evolución política que ocurra dentro de la propia República Islámica.

Al final, el verdadero campo de batalla no está en el Estrecho de Ormuz ni en el cielo sobre Teherán, sino en la tensión entre un poder que se fortalece mediante la crisis y una sociedad cada vez más consciente de sus costos.

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