Cali, junio 11 de 2026. Actualizado: jueves, junio 11, 2026 16:45

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mportante avance en inclusión financiera

Colombia logró que casi todos tengan una cuenta bancaria, pero ahora enfrenta un reto mayor: la salud financiera

Colombia logró una de las metas más ambiciosas de su sistema financiero: que casi todos los adultos tengan acceso a productos bancarios.

Sin embargo, detrás de ese avance se esconde una realidad menos visible.

Tener una cuenta bancaria no significa necesariamente saber utilizarla, ahorrar de manera efectiva, acceder a crédito o tomar mejores decisiones financieras.

Hoy el desafío ya no es la inclusión financiera, sino la salud financiera de los colombianos.

Así lo advierte el más reciente informe de Anif, que señala que el país alcanzó en 2024 una cobertura financiera prácticamente universal.

El 96,3% de los adultos posee al menos un producto financiero formal, mientras que el 95,8% tiene algún producto de depósito, principalmente cuentas de ahorro.

Estas cifras representan uno de los mayores avances en inclusión financiera registrados durante la última década.

Sin embargo, el acceso no siempre se traduce en uso efectivo.

El estudio revela que aunque el 82,4% de los adultos cuenta con una cuenta de ahorro, apenas el 54,9% la utiliza activamente.

En otras palabras, cerca de un tercio de quienes tienen este producto financiero prácticamente no lo usan para administrar sus recursos o construir hábitos de ahorro.

¿Más crédito?

La situación es aún más evidente cuando se analiza el acceso al crédito.

Mientras la mayoría de los colombianos ya forma parte del sistema financiero a través de productos básicos, la cobertura disminuye significativamente en herramientas que pueden impulsar proyectos personales o empresariales.

Solo el 35% de las personas naturales accede a productos de crédito, lo que evidencia que millones de colombianos aún permanecen excluidos de mecanismos de financiamiento formal.

Para los expertos, esta realidad demuestra que la inclusión financiera debe evolucionar hacia un concepto más amplio.

La salud financiera no se limita a tener una cuenta o una tarjeta; implica la capacidad de administrar adecuadamente los ingresos, enfrentar imprevistos, aprovechar oportunidades de crecimiento y planificar el futuro con autonomía y control.

El reto también es evidente entre las pequeñas y medianas empresas.

Según la Encuesta MiPyme Anif, el Índice de Capacidades Financieras de las mipymes alcanza apenas 65,3 puntos sobre 100, un nivel considerado intermedio.

El indicador muestra importantes diferencias según el tamaño de la empresa y refleja que los negocios más pequeños son los que enfrentan mayores dificultades para gestionar sus finanzas.

Uno de los hallazgos más preocupantes es que el 35% de las mipymes no lleva sus cuentas financieras de manera organizada.

Además, el 44% de los negocios de subsistencia mezcla las finanzas del hogar con las del negocio, una práctica que limita la planeación, dificulta el acceso a crédito y reduce la capacidad de crecimiento.

Poca planeación

El informe también encontró que muchos empresarios tienen conocimientos financieros básicos, pero presentan debilidades en aspectos relacionados con la planeación y la toma de decisiones de largo plazo.

Es decir, saben qué deberían hacer, pero no siempre aplican esos conocimientos en la gestión cotidiana de sus empresas.

La problemática es especialmente relevante para las microempresas, que representan la mayor parte del tejido empresarial colombiano.

Entre los negocios vinculados a programas de fortalecimiento financiero, el 78,4% no paga seguridad social, el 77,2% lleva registros manuales o incluso mentales de sus cuentas y el 40,2% no tiene historial crediticio o presenta reportes negativos que dificultan su acceso al financiamiento.

Para Anif, el siguiente paso en la evolución del sistema financiero colombiano no consiste únicamente en abrir más cuentas o ampliar la cobertura bancaria.

El verdadero desafío está en lograr que las personas y las empresas utilicen de manera efectiva las herramientas financieras disponibles para mejorar su bienestar, fortalecer su capacidad de ahorro, enfrentar contingencias y construir proyectos sostenibles en el tiempo.

La conclusión es clara: Colombia ya avanzó significativamente en inclusión financiera.

Ahora el reto es convertir ese acceso en bienestar económico real, tanto para las familias como para las empresas que sostienen buena parte de la actividad productiva del país.


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