El país ha afrontado unas semanas difíciles en materia de transporte aéreo debido al cese de operaciones prácticamente repentino de dos aerolíneas, la cual se deriva de las supuestas “dificultades financieras” que atraviesan ambas compañías.
Independientemente de las razones por las cuales suspendieron sus operaciones estas aerolíneas, lo cierto es que al igual que el paro de los pilotos de Avianca de 2017, quedó una vez más demostrada la franca debilidad y poca competitividad que tiene Colombia en materia de transporte aéreo, una modalidad de transporte que por cierto debería contar con estándares de talla mundial no solo en seguridad e infraestructura sino de asequibilidad debido a las particularidades geográficas que presenta nuestro país.
Es que Colombia pesar de ser un territorio no tan extenso, al estar dividida en regiones separadas no solo por una sino por tres cordilleras, los tiempos de desplazamiento terrestre son particularmente largos si lo comparamos con otros países del hemisferio occidental, lo cual sumado a la deficiente infraestructura vial del país, hacen más tortuosos y costosos los viajes por tierra.
Lo anterior lo saben las líneas aéreas que hacen presencia en Colombia y no podemos caer en la ingenuidad de creer que no es así, es más, en el caso de la suspensión de operaciones de Viva Air, queda en el “aire” un aroma de chantaje, no al gobierno, al Estado colombiano como método de presión para que se le dé la autorización de integración con Avianca.
En el caso de Ultra Air, no es muy diferente la situación, pues todo indica que de manera premeditada y con bastante antelación (2022) se tenía previsto el cese de operaciones y aun así siguió con la venta de tiquetes, lo cual podría comenzarse a configurar en una posible estafa a los consumidores, un asunto que deberá rápidamente atender e investigar la Fiscalía General y los respectivos entes de control.
Lo anterior si lo sumamos al hecho que el CEO de Ultra es el fundador y antiguo accionista de Viva Air (antigua Viva Colombia) y que en diversos destinos se podía percibir una competencia pactada en posibles términos oligopólicos entre Viva, Ultra y Avianca, deja la sensación de no ser tan coincidente la suspensión de operaciones de las dos aerolíneas tan solo unos días antes de Semana Santa, una de las épocas con mayor flujo de pasajeros del año.
Lo preocupante de esta situación es la evidente debilidad del Estado colombiano para afrontar un desafío abierto de esta naturaleza, el cual es planteado por actores privados, una debilidad surgida a partir de la complacencia histórica de los diferentes gobiernos nacionales con las aerolíneas nacionales para las cuales siempre ha buscado su protección.
Sin embargo, hoy ya no hay tal, pues en la actualidad no existen aerolíneas de envergadura que sean de capital colombiano, pues las dos aerolíneas dominantes en los cielos de nuestro país (Avianca y Latam) son de capital extranjero.
Hoy más que nunca el Estado colombiano debe cambiar su postura proteccionista hacia las aerolíneas que hacen presencia en el mercado aéreo nacional, una actitud que de hecho ha ido en contravía de la autorregulación de los mercados y que por supuesto hace poco competitivo este sector en términos de variedad de ofertas, calidad, cumplimiento y precio, afectando enormemente la economía en general del país.
Tener una política de “cielos abiertos” obligaría no solo a las aerolíneas a ser más competitivas sino que también presionaría al país en tener una mejor infraestructura aeroportuaria y de encadenamientos turísticos, algo que sin duda traería múltiples beneficios a la economía colombiana y por supuesto sería un factor de atracción de nueva inversión extranjera a nuestro territorio, ya que un país que sea propenso a la paralización del transporte aéreo por la voluntad de uno o dos actores del mercado, se vuelve un destino poco atractivo para la inversión.
En Colombia el Estado debe dejar a un lado el proteccionismo hacia las compañías aéreas y acoger el desafío que implica el tener una política de “cielos abiertos”, con todos los retos de infraestructura, administrativos, policivos y operativos que ello implica y dar un paso adelante de manera decidida hacia la competitividad.
En nuestro país debemos ser más “ácidos” en la toma de decisiones en sectores estratégicos para el desarrollo nacional y ser menos condescendientes y paternalistas, en este caso debemos dejar de pensar en los “cielos abiertos” como si ello fuera un tabú.
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