Así calificamos a los gobiernos que van terminando sus períodos, sobre todo aquellos cuya gestión tuvo pro-blemas o no fueron exitosos.
En Colombia hemos padecido esa situación permanentemente, pero a nadie le importa, por idiosincrasia o mermelada. Juan Manuel Santos no es la excepción.
En medio de tantos desaciertos, por egos “y por qué me da la gana”, se han presentado dos situaciones que preocupan.
Una, lo afirmado por el vicepresidente Oscar Naranjo, a raíz del caso de Santrich, pidiendo a EE.UU. que debió informar previamente al gobierno colombiano de ese hecho lamentable, para tomar cartas en el asunto.
Es decir, no debió filtrarse esa noticia a la opinión pública. Se le olvidó al General (R) que la última vez que Santos viajó a dicho país a entrevistarse con Trump, este le enrostró el crecimiento de las hectáreas de coca después de firmado el acuerdo de paz en Cuba.
Nuestro mandatario se comprometió a meterle mano a eso, pero nada sucedió, razón, creemos muchos, para no confiar hechos como ese de manera privada.
No olvidemos que gracias a los gringos nos enteramos de la corrupción de políticos con Odebretch. Igual sucedió con el cartel de la toga.
El otro punto es lo que ha ocurrido en este gobierno con Colciencias, donde para darle gusto a los compromisos politiqueros han nombrado ocho personajes que lo único que han logrado es acabar con este importante organismo de alta investigación y tecnología.
Gran parte de su presupuesto se trasladó al post-conflicto, y tal parece que se perdió. Ni hablar de otros casos.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar







