Leonardo Medina Patiño

Caminar a orillas del río Cali

Leonardo Medina Patiño

Emprendo una caminata a orillas del río Cali al final de un día de calor soporífero. Visito algunos espacios que, por la fricción cotidiana, poco se contemplan. Observo aves que libremente transitan y vuelan sobre lo poco que lleva de agua el río Cali por estos días.

Alienta saber que aun las garzas se posan en charcos que se forman alrededor de piedras para, a través de su movimiento rápido de patas al interior del agua, remover piedras de donde salen pececitos buscando otro refugio, y son prensados con sus largos picos en cuestión de segundos o microsegundos.

Frondosidad de los árboles, el césped aún con el sol canicular persiste en exhibir su verde. Deportistas trotando con sus adecuados trajes y relojes que marcan cada pulsación y quién sabe cuántas otras milimetrías del movimiento corporal, quedan allí registrados.

Diría que hay una obsesión por conocerse a sí mismos, sin conocerse.

Turistas que salen de hoteles de la zona a caminar y respirar de esa brisa que viene del cañón del Dagua.
Pero no todo es bueno.

Canecas cargadas de basura saliéndose el contenido y cayendo al suelo, afeando la zona. Personas lavando ropa a orillas del río y dejando residuos que contaminan.

Hace poco ya había “cambuches” que siquiera lograron desalojar. Vendedores ambulantes al interior del paseo del gato del río. Ni un policía.

No es que no se necesite, por el contrario, lo piden (pedimos) a gritos, pero la ausencia es evidente.

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