Cali, junio 14 de 2026. Actualizado: viernes, junio 12, 2026 23:56
Por: Rafael Araújo Gámez
IRENE VALLEJO
ED. SIRUELA
431 PÁGINAS
Apenas uno abre las páginas del libro es como si se entrara en una especie de ensoñación literaria porque desde la primera frase nuestra librofilia comienza a recibir una carga de hermosas frases, todas ellas, homenajeando al libro y la lectura.
La escritora, en un alarde de solvencia literaria, nos introduce en un mundo maravilloso en el que nos lleva a recorrer los caminos por donde ha transitado el libro desde su nacimiento hasta ahora cuando la avalancha informática ha querido desplazarlo, pero, como siempre, el libro está emergiendo salvándose del naufragio.
Desde tiempos inmemoriales la humanidad ha tenido dos tendencias: la quema de libros y el pensamiento de tener todos los libros del mundo reunidos en un solo ámbito cultural. Esta idea fue la que siempre concibió y alimentó Alejandro, el magno, por eso se dio a la tarea de organizar una gran biblioteca y de ahí nació la biblioteca de Alejandría.
En cuanto a la primera tendencia, el libro ha tenido siempre un poder interno que lo vuelve enemigo de los autócratas y un instrumento incómodo para los que expresan ideas contrarias a los que, de una u otra forma, detentan un poder llámese social o religioso. De esto último nació la Santa Inquisición.
Pero el libro siempre ha salido indemne. Eso queda patente cuando nos adentramos en las páginas de esta obra maravillosa en donde nos expone a aquellos salvadores de libros como lo han sido los narradores orales, escribas, iluminadores, traductores, vendedores ambulantes, maestros quienes algunos incluso han arriesgado sus vidas en defensa de ese instrumento inigualable que es el libro.
Pero además nos muestra una ruta con escalas en los campos de batalla de Alejandro y en la villa de los Papiros bajo la erupción del Vesubio, en los palacios de Cleopatra y en los escenarios del crimen de Hepatia, en las primeras librería conocidas y en los talleres de copia manuscrita, en las hogueras donde ardieron códices prohibidos, en el gulag, en la biblioteca de Sarajevo y en el laberinto subterráneo de Oxford en el año 2000.
Todo esto adobado con el lenguaje esplendoroso de esta escritora que ha logrado un punto muy alto en la defensa de un amigo que nunca nos traiciona: el libro.
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