El 29 de mayo de 2019, un verdadero golpe a la justicia. El Consejo de Estado convierte a Santrich en congresista, la Corte Suprema de Justicia lo deja libre y la Corte Constitucional hunde las objeciones a la JEP.
La impunidad coge fuerza y el Estado Social de Derecho se debilita por las acciones de quienes tenían la tarea de impartir justicia.
Las Altas Cortes se convirtieron en verdaderos administradores de impunidad. La desesperanza se ve reflejada en las víctimas que temen a la repetición, gracias al ejemplo de que el crimen tiene como recompensa una curul en el Congreso.
Los amigos de la impunidad mostraron su lado más oscuro, muchos que se proclamaban defensores de la democracia, no dudaron en aplaudir el acto más vil de revictimización: el narcotraficante quedó libre.
La Corte entregó el salvoconducto para seguir delinquiendo, un fuero que lo protege de la justicia, esa justicia que aclaman los que padecieron el flagelo del secuestro, del reclutamiento infantil y de la pérdida de seres queridos.
En medio del oscuro panorama, los colombianos tenemos la misión de unirnos para proteger nuestro Estado Social de Derecho, quizás una constituyente es el camino, rodear al presidente Iván Duque es nuestro deber como ciudadanos defensores de la justicia, con la voluntad de construir una paz estable y duradera.
Repudiar a quienes hoy están del lado de Santrich, es el arma que tenemos para enfrentar la impunidad que, a pasos agigantados, pretende derrotar a la justicia.
La idea de crear una sola Corte se convierte en una necesidad en la reforma a la justicia, con magistrados con méritos que administren verdaderamente justicia.
La paz se construye con bases de garantías de no repetición, que solo se logran con justicia y no revictimización. Dios proteja a Colombia.
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