Cali, mayo 31 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 29, 2026 21:40
De periodista de grandes medios a coach de vida de más de 50 mil personas en distintos países, el escritor Henry Rodríguez muestra cómo un mensaje poderoso
El lenguaje no solo sirve para describir la realidad, también puede transformarla e incluso ser la fuente de nuevas realidades.
Es lo que se conoce como el poder generativo, y no solo descriptivo, de la palabra. Este descubrimiento de la filosofía del lenguaje fue el que llevó al periodista colombiano Henry A. Rodríguez B. a dejar las salas de redacción y los estudios de grabación de los grandes medios, para sumergirse en el mundo del coaching y llevar un mensaje de elevación de consciencia a través de sus libros, entrenamientos de potencial humano y consultorías de coaching para ejecutivos, empresas y organizaciones.
Después de hacer una carrera periodística en agencias de noticias, periódicos, revistas y canales de televisión, este comunicador pasó a las aulas de clase de importantes universidades y de ahí dio el salto a la disciplina del coaching, que lo ha llevado a ser reconocido en países como México, Ecuador, Perú, Estados Unidos y Colombia.
«En esencia, soy un comunicador. Siempre lo he sido. Solo que desde los medios masivos describía, a través de noticias, crónicas y reportajes, la realidad que veía, y desde el coaching trabajo con las personas y empresas en crear nuevas realidades, nuevos contextos y en abrirles posibilidades», dice.
Es autor de dos libros, Ser de Alto Impacto y A Contracorriente, publicados por Calixta Editores, y ganador de un Premio de Periodismo Simón Bolívar. En su opinión, «la comunicación tiene el gran poder de transformar la sociedad».
“La filosofía moderna nos ha hecho conscientes de que la vida ocurre en el lenguaje. Somos en el lenguaje y las conversaciones, que es la narrativa desde la cual experimentamos el mundo, constituyen el contexto de nuestro devenir. Las conversaciones son el guion de la película de la vida de cada quien” señala el comunicador.

Soy un periodista por formación y un profesional del potencial humano por vocación. Tengo inquietudes filosóficas, existenciales, sociales y literarias. Me dedico a observar al ser humano, comenzando por mí y a preguntar sobre lo que observo.
En mi ejercicio como potencializador de equipos y de seres humanos de Alto Impacto he entrenado a más de 50.000 personas en América Latina y en los Estados Unidos. Los entreno en ser personas de alto rendimiento, capaces de subir sus estándares por encima de la ordinaria mediocridad promedio.
¿Cómo? Llevándolos a comprometerse con su vida y a vivirla intensa y apasionadamente, a todo vapor. Los seres humanos somos como las guitarras. Una recién afinada nos regala, al tocarse con maestría, unas notas perfectas; pero con el tiempo se desafina y sus sonidos ya no producen la misma acústica.
Nos pasa igual a los hombres y mujeres que en algún momento le regalamos al mundo nuestra mejor versión, pero luego caemos en el conformismo y la resignación, dejamos atrás el ímpetu y la valentía. Afinar tu ser para que seas lo que elijas ser y desde ahí impactar al mundo, es mi propósito de vida.
En esencia soy un comunicador. Por años ejercí mi profesión desde los medios de comunicación y podría decir que alcancé el éxito, pero no la felicidad. Éxito sin plenitud no es sino vanidad.
Corrían los años noventa y Colombia, mi país, se sumía en la época del narcoterrorismo, el paramilitarismo y la guerrilla. Los periódicos eran el reflejo donde se veía una realidad que a nadie le gustaba. Como editor me sentía notario de un acontecer oscuro y un espectador de la tragedia humana hecha país. Colombia parecía un estado no viable.
De una u otra manera nos endurecimos y perdimos sensibilidad frente a las muchas guerras en que vivíamos. Un día mirándome al espejo de las páginas de El Espectador vi que no reía, no lloraba y no sentía.
Me enfrenté, en ese momento, a un reto que la vida me ponía en la cara y le puse el pecho a un dilema, dar ese salto cuántico o quedarme estancado. Si no te llega ese día, ya estás estancado. Sentí que había llegado la hora de sacudirme y crear eso que palpitaba en el fondo de mi corazón. Sabía que dando pequeños pasos jamás iba a llegar. Así que decidí lanzarme sabiendo que mi único paracaídas era mi compromiso. Fue un salto a la libertad. La lección que me queda de esa determinación es que si no impactas a profundidad la vida de otros seres humanos, estás desperdiciando tu paso por este mundo. Todo comenzó ahí.
Estudié Comunicación Social y Periodismo en la Universidad de la Sabana y me especialicé en Periodismo Económico en esa misma alma mater.
Luego trabajé en mi universidad, en la Agencia de Noticias Colprensa y en el periódico El Espectador, donde llegué a ser editor en jefe. Fui productor de televisión y director de revistas, hasta que descubrí el mundo del coaching y fue ahí donde continué siendo comunicador pero ahora desde tarimas, auditorios, detrás de un micrófono o frente a una pantalla.
He aprendido con el tiempo, que la vida no se trata sólo de acumular éxito. Hay algo más desafiante y apasionante que eso. Se trata de desarrollar la capacidad de crear y agregar valor a la vida de otros seres humanos. Cuando otros alcanzan la cima, porque tú los has apoyado para lograrlo, llegas a tu cumbre también.
La vida es un juego en equipo. Todos somos interdependientes. En ese juego, agregarle valor a la vida de los demás, es una forma de transcender y de inscribir tu nombre allá donde es imborrable, en el corazón de las personas con quien interactúas.
Cuando apoyas a otros seres humanos a que vean nuevas posibilidades en su vida; nuevas posibilidades se abren en la tuya. Cuando das, recibes. Esto fue lo que me inspiró a escribir una trilogía de libros sobre el potencial humano, de la cual ya se publicaron dos obras, Ser de Alto Impacto y A Contracorriente.
Desde la comunicación podemos construir una nueva narrativa de “ser humano”. Una en la cual la vida o el mundo no ocurren, sino que lo creamos.
No somos fijos sino dinámicos y desde allí el “yo soy así” se gira por el “yo soy lo que yo elijo ser”. Una en la que la realidad se crea y no solo se cambia.
En esta nueva narrativa el ser humano se abre a infinitas posibilidades y no solo a unas cuentas opciones. Una en la que sabemos que somos interpretación y, por tanto, podemos reinterpretarnos las veces que queramos. Una desde donde podemos explicar los fenómenos de la vida desde muchas ópticas y no con un solo prisma. Una desde la cual los seres humanos dejamos de resignarnos a la corriente cultural que nos dice qué hacer, decir, pensar y ser, y nos levantamos para ir a contracorriente y ser auténticos, y desde allí impactamos al mundo a nuestro alrededor.
Desde esta nueva postura, la vida cobra vida, le damos un sentido y nos experimentamos poderosos, grades e impactantes.
Una en la que entendamos que los seres humanos también somos seres emocionales y no solo racionales. Una que nos confiera el gran poder de producir nuestra vida y de crear una nueva realidad a través de la palabra acompañada de compromiso y acción.
Una en la que podamos aceptar la vida y fluir con ella, en lugar de resistirla y controlarla. Una en la que podamos ver la vida como un juego y salir a disfrutarla y no a batallar con ella. Eso cambia por completo el panorama de la existencia humana. Todo esto le permite al hombre y a la mujer del Siglo XXI hacer de la vida un viaje de plenitud y éxito y, sobre todo, hacerse cargo de su destino.
Yo diría que es una narrativa de poder para el ser humano. Desde aquí, cada persona se hace consciente de que el futuro de ella y de los suyos, depende de quien esa. Ser es el fundamento de esta nueva manera de ver la vida. Acompañado del hacer, porque los actos nos constituyen. Ser y hacer para tener. Esta narrativa nos dice: No sigas la corriente. Aprende a nadar contra las órdenes fluviales. Sigue tu propio camino. Y nos pregunta ¿De quién son las manos que están en el timón de tu vida? ¿Tuyas? ¿No? ¿Entonces de quién son?
Hace algunos años me hice consciente de que yo no estaba viviendo. La vida me estaba viviendo. Pero un día me senté a pensarme.
Es lo que llaman “Inteligencia Intra-personal”. A veces hay que tocar fondo para volver a despegar. Llegó el día en que me enfrenté a una dura realidad: “muchos me conocen, pero yo no me conocía”. ¿Te conoces tú? La gente dice te conozco como la palma de mi mano. ¿En verdad alguien conoce a profundidad la palma de su mano? ¿Quién eres? ¿Te conoces? ¿Te has dicho alguna vez me desconozco? Un antiguo proverbio dice que si quieres conocer a alguien, camina en sus zapatos un kilómetro. ¿Cómo es estar en tus zapatos? ¿Cómo es pensar lo que tú piensas y sentir lo que tú sientes? ¿Qué tal si hablas contigo mismo a fondo y descubres quién eres? ¿Quieres respuestas? Haz minería humana. ¿Cómo? Excavar y excavar dentro de ti mismo. Me hice cargo y me di a luz, una vez más, esta vez con esta nueva narrativa. Desde entonces, me parece fantástico crear lo que estoy comprometido a crear en mi vida.
Mi trabajo como coach y mi propósito como comunicador es que cada persona a quien le llega mi mensaje, se apropie de esta nueva narrativa.
El hombre es un ser abierto a una inmensidad de posibilidades, un coach enciende la luz para que cada quién vea cuáles son los caminos y elija recorrerlos o no.
Detrás de cada palabra que intercambio con un ser humano tengo un propósito: despertarlo a la vida, pero no de cualquier forma, sino despertarlo para que viva su vida con pasión, vitalidad y energía.
Y la manera de hacerlo es planteándole cuestiones peligrosas como ¿esta es la vida que estoy comprometido a vivir? ¿Estoy viviendo una vida que vale la pena ser vivida? ¿Este soy yo? ¿Esto es lo que soñé para mí? ¿Estoy viviendo el sueño del joven que fui? ¿Hasta qué punto traiciono mi juventud? ¿Renunciaste a tus sueños? ¿Estás rendido? ¿Renunciaste a vivir? ¿Eres feliz? ¿Estás cansado de ser otro y no tú? Cada vez que escribo una idea, siento que algo en el universo cambia.
Estoy comprometido con ser la persona que suma, la que multiplica, la que siente, la que ama y la que expresa lo que piensa y siente. Estoy comprometido a agregarle valor a la vida de los seres humanos con quienes me encuentro a mi paso.
Mucha gente me pregunta, qué hace un coach personal y cómo es que puedo ayudar a gente tan diferente. Lo único que hago, es hacer las preguntas pertinentes para que cada uno encuentre sus propias respuestas.
Cada persona tiene su propio camino para llegar al mismo lugar. Sería un error pensar que todo el mundo puede seguir el mismo camino y recorrerlo en el mismo tiempo.
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