Gustavo Álvarez Gardeazábal

La crónica de Gardeazábal

La maldición de Hidroituango

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Hace un tiempo conté a mis lectores y oyentes sobre la maldición que un cacique nutibae gritó a los españoles que echaron al suelo el puente de cabuya de Bremuco, en donde hoy se ha levantado la presa de Hidroituango. Dijeron los que leyeron a los cronistas que fue tal la ira del indígena porque les destruyeron la única vía que llevaba el oro de Buriticá hacia los orfebres del Zenú ,que por siglos se oyó que todo aquél que pretendiera levantarlo de nuevo quedaría maldito.

He vuelto a recordar esa nota del 13 de mayo del 2018,que publiqué en Las2orillas, porque terminé de leer las 29 páginas del informe que la firma chilena Pöyry ha hecho sobre Hidroituango y he quedado más que asombrado.

Según ellos, hay dos peligros inminentes en la obra: Uno, el uso continuado del vertedero porque “este riesgo existe y es elevado, debido a la operación continua y dificultad de ejecutar reparaciones mayores, sin contar con otro elemento para evacuar avenidas torrenciales”.

Y dos, por los puntos críticos que describen como “ los daños en el muro de cemento-bentonita en la parte superior de la presa, daños de la losa del vertedero, taludes en el cuenco amortiguador, la zona derrumbada en el estribo derecho de la presa y el aumento inusitado del nivel del embalse por deslizamientos”.

Nada allí en ese informe parece exagerado y por ende no siembra terror porque pone las cosas en su sitio casi que dividiéndolas en previsibles, corregibles y totalmente fortuitas.

En otras palabras, o en las del otrora católico pueblo antioqueño, Hidroituango ha quedado de la mano de Dios. Ya salvó el obstáculo económico con el pago de los seguros. Ya le quebró el espinazo a las empresas del GEA, tan responsables como beneficiadas. Pero no podrá ir llegando a terreno firme hasta cuando ( lo dice el informe) no construyan una salida adicional a las aguas en caso de que el nivel de ellas supere los 408 metros de altura en la presa,ya sea poniendo en funcionamiento las dos turbinas o reparando el vertedero antes de que se quiebre.

Pero donde me hizo recordar la maldición de Bremuco es cuando afirman que esa obra no se puede abandonar porque sería catastrófico y continuarla puede generar tanto riesgo que resultaría en un determinado momento igual de catastrófico.

Ponen como ejemplo lo sucedido en la presa Oroville en California en el 2017 y casi que tocan los timbres de alarma a las poblaciones aguas abajo. Por eso estoy asombrado, porque todos cruzamos los dedos para que pueda salir avante y no cause más daños, pero todos sabemos también que no hay solución que lo garantice.

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