Carmiña Navia Velasco

Los garajes

Carmiña Navia Velasco

El caso de Yulixa Toloza ha puesto sobre el tapete “los garajes” que surgen en Colombia.

Hablamos de Universidades de garaje, iglesias de garaje y lo que es más grave: clínicas de garaje.

La común condición de todas ellas es su precariedad, su incumplimiento absoluto de normas legales, su ignorancia total de la previsión y de los derechos de quienes son atraídos hasta ellas.

No es esta la primera tragedia que ocurre en uno de estos ámbitos.

La existencia de estas semi-instituciones que denominamos así, está reflejando antes que nada la falta de control por parte del gobierno de Colombia en todos los niveles: nacional, departamental, municipal.

Igualmente la falta de control por parte de las Asociaciones o Federaciones de las iglesias.

No es posible que yo decida abrir un centro de enseñanza, un centro de culto y mucho menos un centro de salud y se me permita sin cumplir exigencias ni requisitos.

Conversando con médicos de la Clínica Imbanaco y de la Fundación Valle del Lili, explican los infinitos requerimientos que tienen para su aprobación… hasta el tipo de sillas que deben usar se les controla.

Sin embargo podemos recorrer las calles y nos encontramos con variadas fachadas que dicen ser “Clínica de… / Centro de salud de…” y que a primera vista se puede concluir que es imposible que cumplan exigencias adecuadas.

A cada establecimiento de estos debería llegar la inspección gubernamental para comprobar en qué condiciones se desarrollan allí las labores que sean: Educación, culto, salud… No ocurre así y los “garajes” proliferan deteriorando el bienestar social.

Esta realidad se crece y multiplica en lo relacionado con una supuesta estética dictaminada desde intereses económicos. Varias ciudades de Colombia son “destinos internacionales conocidos” para operaciones estéticas.

Y aquí nos encontramos con un núcleo del problema que va más allá de los controles estatales y se inscribe en el inconsciente de la mayoría de la población femenina.

¿Por qué mujeres bonitas, libres, profesionales en ocasiones, pobres en otras… se dejan embaucar por uno de estos garajes y someten su cuerpo y su vida a manos no expertas en lugares que obviamente no cumplen con las condiciones para enfrentar una emergencia o un simple imprevisto? ¿Qué pasa por sus mentes?

Una vez más nos topamos con la sociedad patriarcal en la que los varones y los negocios dictan medidas de belleza inalcanzables.

Las publicidades, las sin tetas no hay paraíso… o las muñecas de la mafia… las canciones de despecho o de catre… sitúan a las jóvenes ante el desprecio y la destrucción de sus propios cuerpos.

No importa lesionarme o ponerme en riesgo de muerte si tengo alguna posibilidad aunque remota, de cumplir el sueño que otros “me han fabricado”.

La capacidad de pensar se obnubila y las palabras “del ventero” zumban en la cabeza para acallar toda posible prevención.

La pregunta es: ¿Cómo lograr silenciar estas voces y mandatos que acaban con la vida de las mujeres impidiéndoles una realización y unos sueños que vayan más allá de los 90, 60 y 90? Aquí estaría la clave de la desaparición de las clínicas estéticas de supuesta belleza.

Al gobierno que controle “los garajes” … a las mujeres: Somos mucho más que un cuerpo.

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