Cali, septiembre 5 de 2026. Actualizado: sábado, septiembre 5, 2026 14:00
Lejos de obedecer a un ataque cibernético orquestado por Estados Unidos, el apagón que vive Venezuela, que hoy completa cinco días, es el reflejo de la desidia y, sobre todo, la corrupción con la que el régimen chavista maneja el vecino país.
Todo indica que el prolongado corte de fluido eléctrico se debe a la falta de mantenimiento del sistema.
Lo paradógico es que el gobierno ha destinado cien mil millones de dólares para tal fin, sin que se vean los efectos; el apagón parece darle la razón a la oposición, que sostiene que estas inversiones no llegaron a su destino, sino que se desviaron a los bolsillos de Nicolás Maduro y sus secuaces.
El apagón ha potenciado la crisis humanitaria que se vive en el vecino país. Por cuenta de la falta de energía, en muchas zonas no hay agua, tampoco combustible y la falta de refrigeración ha aumentado la escasez de alimentos y medicamentos.
A esto se suma que los hospitales no pueden prestar los servicios que requieren electricidad, lo que ha provocado la muerte de al menos 24 personas que no pudieron recibir la atención requerida.
Como si lo anterior fuera poco, con el apagón aumentaron los saqueos y la inseguridad, en ciudades como Caracas, la gente no se atreve a salir cuando cae el sol.
Esta situación, además de confirmar la indolencia del régimen, demuestra que el chavismo tiene el poder, pero no gobierna, es decir que no hay un modelo ideológico que oriente la administración del país.
Lo que hay en Venezuela es un proyecto de enriquecimiento de una camarilla, a costa del empobrecimiento de toda la nación, un Estado criminal, algo que es peor que una dictadura. ¿Qué puede hacer el mundo democrático?
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