Cali, enero 24 de 2026. Actualizado: sábado, enero 24, 2026 00:06
La temporada decembrina está a la vuelta de la esquina y el llamado a evitar lesiones por pólvora vuelve a ocupar la agenda pública.
Sin embargo, el país parece repetir cada año la misma escena. Las advertencias se difunden, las autoridades insisten y los medios alertan, pero los resultados siguen siendo preocupantes.
Entre el 1 de diciembre de 2024 y el 1 de enero de 2025, el Instituto Nacional de Salud registró 1.035 personas lesionadas con artefactos pirotécnicos, de ellas, 310 eran menores de 18 años. Además, se reportó al menos una muerte asociada.
Estas cifras muestran por qué este problema requiere una reflexión cultural profunda.
El Valle del Cauca tampoco escapó a esta realidad: el departamento registró 74 personas quemadas durante esa misma temporada, y Cali reportó 41 casos, es decir, más de un caso por día.
La persistencia del problema demuestra que las campañas de prevención aún no logran cambiar comportamientos arraigados.
En consecuencia, urge preguntarnos por qué seguimos normalizando prácticas que dejan quemaduras, amputaciones y secuelas irreversibles.
La campaña presentada por la Gobernación del Valle hace pocos días invita a pensar cinco veces antes de usar pólvora y a encontrar cinco motivos para no hacerlo.
Además, recuerda que las personas con discapacidad son sensibles al ruido, que los niños se asustan y que las mascotas pierden el control ante las detonaciones.
Sin embargo, estas advertencias solo funcionan si cada familia asume su responsabilidad y decide no exponer a los menores ni poner en riesgo a nadie.
La cultura del “solo es un volador” ya no tiene cabida cuando los datos muestran daños tan evidentes.
La repetición anual de las cifras de quemados debe servir como punto de inflexión, necesitamos una decisión colectiva que reemplace el riesgo por celebraciones seguras.
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