Cali, septiembre 5 de 2026. Actualizado: sábado, septiembre 5, 2026 09:00
Mediante un comunicado, el ELN se adjudicó la autoría del ataque contra la escuela de cadetes de la policía perpetrado el jueves pasado en el que murieron 20 estudiantes de la entidad.
Tres realidades nos mostró el atentado. La primera, la atrocidad del conflicto. La segunda, la crisis de confianza. La tercera, las dificultades de dialogar en medio del conflicto.
El comunicado tiene un gran valor para el país pues despeja las dudas en esos sentidos. Sobre la atrocidad del conflicto.
El ELN no muestra una faceta diferente. Este grupo siempre ha sido incoherente entre lo que dice y lo que hace.
Defender el ataque como un acto en legítima defensa o responsabilizar al gobierno del rompimiento de los diálogos es propio de la lógica con la que ha actuado históricamente.
Otro aspecto importante del comunicado es que el ELN no muestra una intención de iniciar una escalada terrorista en el país cuyo objetivo sea la población civil, una teoría que venía en aumento.
Por otro lado, más allá del dolor que causó el atentado, el hecho evidenció la poca credibilidad que tienen los colombianos en la Fiscalía y que hicieron que se cuestionaran las versiones oficiales.
Conocer la posición del grupo subversivo disminuye, en este caso en particular, las tensiones que genera la polarización en la que está sumida Colombia.
Era muy perjudicial para el país que siguiera creciendo la teoría de que se trataba de un “autoatentado”.
Un tercer elemento que vale la pena destacar del comunicado, por incoherente que ahora parezca, es la invitación del ELN al gobierno a continuar dialogando y a buscar una salida política al conflicto.
Es claro que tras el atentado la reacción del gobierno es la adecuada.
Sin embargo, ambas partes deben actuar dejando esa posibilidad abierta.
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