Cali, septiembre 5 de 2026. Actualizado: sábado, septiembre 5, 2026 14:00
En el periodo comprendido entre 1948 y 1956 Colombia vivió uno de los capítulos más complejos de su historia. Se calcula que en esta etapa, conocida como “La Violencia”, murieron al menos 200 mil personas por cuenta de los enfrentamientos entre liberales y conservadores. El fanatismo político llevó a que las diferencias ideológicas se convirtieran en motivo para quitarse la vida entre compatriotas.
Hoy, más de medio siglo después, parece que Colombia entró en un proceso de radicalización que amenaza la convivencia política. La satanización del contrario ideológico parece ser el común denominador entre quienes orientan al electorado y a la opinión pública. Los ánimos se caldean cada vez con mayor facilidad y las redes sociales son escenario de insultos, injurias, calumnias y amenazas que dan cuenta de una “inteligencia” primaria. La radicalización es evidente.
¿Cómo entender que un país que vivió un periodo tan nefasto como “La Violencia” nuevamente esté dando pasos agigantados hacia el fanatismo político? El nivel de agresividad entre quienes profesan ideologías contrarias, hace pensar que Colombia está cerca de reeditar ese terrorífico episodio de su historia.
El detonante de “La Violencia” fue el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán; ojalá en las condiciones de crispación que vive la Colombia actual no haya un hecho que provoque el paso de los insultos a las matanzas. Ojalá los dirigentes políticos y los orientadores de la opinión sean conscientes de la gran responsabilidad que tienen entre manos y sean ellos, mediante la moderación del lenguaje, quienes alejen al país del grave peligro del fanatismo y la radicalización. La mejor forma en la que cada ciudadano puede aportar a este propósito es no echarle más leña al fuego. No más opiniones incendiarias, por favor.
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