¡Tribugá tribunada!

Paola Andrea Arenas Mosquera

Sobre el golfo que lleva su nombre y a 9 kilómetros del municipio de Nuquí, que cuenta con 7.366 habitantes, se encuentra el corregimiento de Tribugá. Ese nombre exótico de tres sílabas logró ocupar la conversación nacional de nuevo y arroja en Google 119000 resultados por minuto. No es para menos, la controversia desatada por la ocurrencia de construir -en nombre de la “competitividad” del país- un puerto de aguas profundas en este templo de la selva chocoana, es de inimaginables consecuencias.

Las aguas del golfo de Tribugá sobre el Océano Pacífico bañan a Nuquí, en el departamento del Chocó, sobre el occidente colombiano y colindan por el norte con la ensenada de Utría, declarada parque natural desde 1987. Son muchas las organizaciones nacionales e internacionales protectoras del medio ambiente que han advertido que el proyecto puerto de Tribugá no es una actividad compatible con estas áreas protegidas.

Basta con revisar la advertencia hecha por la Organización Marviva, “si se construye el puerto chocoano se acabaría con 916 hectáreas de manglar a un costo económico calculado en US $232 millones. La ensenada de Tribugá es, además, zona de anidación de tortugas y corredor de las ballenas jorobadas. Este proyecto afectaría a más de 1.500 ballenas ya que el golfo de Tribugá tiene 34,7 hectáreas de corredor migratorio de la especie.

Como si esto fuera poco, la iniciativa de hacer un puerto allí implica construir la carretera Nuquí- Las Animas en Chocó para acercar el puerto al centro del país, lo que significaría necesariamente talar y devastar la selva húmeda tropical, arrasando con la biodiversidad ya afectada por las actividades extractivas de madera y la minería sin control.

A pesar de ello, la gobernación de Chocó llamó a sus diputados a sesiones extraordinarias para promover un proyecto de ordenanza con el propósito de declarar de utilidad pública e interés social el megaproyecto del puerto de Tribugá y sus desarrollos de infraestructura complementarios.

Sin embargo, no es terquedad ni ligereza asegurar que el Puerto de Tribugá tampoco es una obra de interés social. Durante décadas, Nuquí ha construído un modelo de desarrollo propio basado en la conservación de áreas protegidas, la pesca artesanal responsable, el ecoturismo rural y comunitario; la agricultura y la protección de saberes tradicionales, entre otros. Este proyecto contradice las visiones de bienestar asociadas al vínculo histórico de estas comunidades con los recursos naturales de su territorio.

Ahora, pasemos a la sustentación de conveniencia económica y de ventajas competitivas que aducen los defensores del embeleco de macroproyecto que nos quieren vender. Colombia no necesita impulsar un nuevo puerto sobre el Pacífico porque no es eficiente para el país, cuando el que existe en el Distrito de Buenaventura cuenta con 3 grandes terminales marítimas que operan al 50% de su capacidad. Sería más pertinente y costo-efectivo fortalecer la optimización de la operación portuaria en Buenaventura. Hacer un nuevo puerto en Tribugá también es más costoso. El valor estimado para construir desde ceros un nuevo puerto en el Chocó es de US $800 millones, mientras que el dragado que tenemos en Buenaventura costaría unos US $258. Tres veces menos!

Miremos las distancias. El puerto de Tribugá estaría mucho más distante de las principales ciudades del Pacífico y el centro del país. Hay más lejanía desde las ciudades ubicadas en torno a nuestra cordillera occidental y el interior del país hasta Tribugá, que la distancia de éstas a Buenaventura, Debemos recordar que los costos del transporte interno inciden sobre la competitividad y éstos representan cerca de un 37% del costo final.

Y hoy, el argumento del “desarrollo” que me hace recomendarles a los hermanos chocoanos es no dejarse obnubilar con quienes a costa de sus promesas de “bienestar económico y progreso” defienden el que, contradictoriamente, puede representar en lugar de aquello un “ecocidio” de incalculables proporciones. Una de mis mayores razones demostrativas: un puerto por sí mismo no es sinónimo de desarrollo. Depende funcional y estructuralmente de muchas intervenciones de Estado y ciudadanía complementarias.

El Banco de la República ha advertido que las actividades portuarias, por sus características, no son las mayores fuentes generación de empleos. La Sociedad Portuaria de Buenaventura aporta 550 empleos directos y 7.000 indirectos, que no son la respuesta contundente a lo que demanda la región y a sus indicadores de pobreza multidimensional.

No es casualidad que, a la luz de las evidencias, los gremios, autoridades y actores políticos, sociales y ambientales no sólo del Valle del Cauca sino de todo el país coincidan en que sería un acto de sensatez que la iniciativa del gobierno nacional honre su eficacia con “acabativa” sobre las obras de infraestructura inconclusas en Buenaventura y se prioricen, paralelamente, la optimización portuaria desde el Distrito a la par con las alternativas de un desarrollo sostenible para las poblaciones chocoanas de Tribugá y Nuquí.

No se trata, como lo señala la congresista vallecaucana Catalina Ortíz, -líder de la movilización ciudadana #NoAlPuertoDeTribugá-, de oponernos al desarrollo del Chocó como los defensores del puerto lo han insinuado. Se trata de debatir, de acuerdo a la evidencia, los proyectos de infraestructura que realmente son necesarios para nuestra nación.

Pienso en lo que pasará por la mente de nuestros pueblos étnicos que dan soberanía a las 31.469 hectáreas de comunidades negras y 90 mil hectáreas de comunidades indígenas. Seguro su desarrollo no depende del puerto que, en nombre de la competitividad, algunos sectores nos quieren imponer. Y lo peor, nos estamos perdiendo de invertir en una opción alternativa representada en un esquema de sostenibilidad para las 17 asociaciones de pescadores artesanales del territorio y todo el potencial de turismo de naturaleza con sostenibilidad que, desde el enfoque rural y comunitario, nos catapultaría internacionalmente si lo desarrolláramos con responsabilidad y mejor visión. A la luz de todo lo expuesto seguiremos luchando contra este sofisma que nos quieren implantar porque TRIBUGÁ, de TRIBU-NADA!

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