Armar no es el camino

Transición laboral

Mario Germán Fernández De Soto

Más allá de una reforma laboral que causa incertidumbre en muchos sectores de la producción hay que analizar muy bien lo que está ocurriendo con un gran número de oficios y ocupaciones cuyos empleos pueden quedar obsoletos o mejor desaparecer a partir de la automatización de procesos y servicios, así como a causa del uso de las nuevas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones.

Lo cierto es que hace mucho tiempo que no se avanza a fondo en las temáticas que implican abordar con seriedad lo que deben ser las nuevas relaciones entre empleadores y colaboradores para quitar ese estigma del “patrón” y el obrero.

Una compilación de normas estructurales que esté dirigida a mejorar las condiciones de vida de quienes ponen su fuerza mental y física al servicio de una idea de negocio y al mismo tiempo, que faciliten la tarea a quienes aportan su capital de trabajo y el desarrollo tecnológico de todo tipo para generar riqueza.

Esta debe pensarse a partir de cómo armonizar las fuerzas de la producción para que no se siga mirando simplemente a unos como explotadores y a otros como explotados.

Por ello, creo que el proyecto de reforma debe contener los mecanismos conducentes a las soluciones para reducir los altos índices de informalidad, que en el caso del país se ha medido en el 58% , impidiendo la promoción social y el bienestar de la fuerza productiva del país.

Tampoco puede convertirse en una iniciativa para elevar los costos de contratación, como lo ha advertido Fedesarrollo en un 12%.

Ni puede mirarse entonces su implantación como una oportunidad para la ampliación de la jornada laboral y la eliminación de los contratos de prestación de servicios buscando soluciones finales, puesto que es menester revisar muy bien cuales son los nuevos modelos de contratación laboral para el establecimiento de relaciones innovadoras de gestión productiva, el cierre de brechas laborales de género y la formación del talento para asumir un papel dinamizador en la interacción propia de empleadores y colaboradores.

El Ministerio del Trabajo tiene que articular todos los elementos con la participación de los sindicatos y confederaciones de trabajadores que cuentan con la experiencia suficiente para concertar con el sector empresarial una normatividad que enriquezca la vida laboral y mejore la productividad del país, no sólo para quienes tienen una vinculación formal sino también pensando en los miles de trabajadores informales que no cuentan con la protección social para su desempeño laboral.

Se necesita un debate amplio con el concurso de todos los actores sociales, económicos y políticos que hacen parte del aparato productivo nacional para abordar una verdadera reforma estructural que promueva el mejoramiento de las condiciones sociales y económicas de los trabajadores colombianos.

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