Hugo E. Gamboa Cabrera

Sonrisas y amarguras

Hugo E. Gamboa Cabrera

Si algo le produce complacencia a los habitantes de un país es cuando su Congreso unicameral o bicameral, siendo esto último el caso colombiano, actúa en concordancia con los intereses sociales y económicos de toda una nación.

No es fácil ser congresista, sobre todo cuando se asocian con la inconveniencia de proyectos, leyes o imposiciones del gobierno de turno que, casi siempre, contrarían el sentir nacional cuando se pretenden establecer situaciones que decrecen, menoscaban y trastornan el normal ritmo constitucional de una democracia.

Dónde no existe democracia pues las cosas son diferentes, difíciles, impositivas y, casi siempre, funcionan a la deriva, bajo sombrillas denominadas asambleas nacionales conformadas con fichas maleables que estén dispuestas a aprobar sin debatir y agachando la cabeza.

En Colombia funcionan las dos formas, infortunadamente, dependiendo de lo que se debata o se discuta. Bien sabemos que un congresista debe actuar de conformidad con la justicia y buscando siempre el bien común.

Son responsables, políticamente, ante la sociedad y sus electores pero, eso en Colombia, no sucede. Lo cierto es que unos empiezan como amigos del gobierno, otros como independientes y algunos como opositores.

Después los que están con el gobierno se convierten en independientes, los independientes en amigos del gobierno y los opositores siguen siendo igual.

No faltan aquellos que se “voltean” cuando aparecen los ofrecimientos de burocracia y “mermelada”, es decir, por la “plata baila el perro”. Esto último es un gancho apetitoso para quienes les encantan las golosinas olvidándose de electores y de justicia social y económica. P

oco les importa que por una reforma de salud mal elaborada, que en vez de corregir enloda y enreda el servicio normal, por una pensional que dejará en un término de doce años las arcas sin ahorros suficientes para cumplirle a los pensionados y por una laboral que convierte a sindicatos en codueños de las empresas y a los dueños en empresarios sin poder y que terminan abandonando el país y sus empresas, causando desempleo y pauperización.

Miren hacia aquellos países hermanos que cayeron en esas redes de los “corralitos”, creando pobreza extrema.
Nada les preocupa a ciertos congresistas devengar tremendo sueldazos cuando el interés personal predomina en sus espíritus, sobre todo cuando amenazan con mociones de censura que en el fondo no son cosa distinta a que el gobierno llame a “negociar”. Triste decirlo pero, así es.

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