Reactivación económica con enfoque de género

Edwin Maldonado

Sin duda alguna la mayor preocupación que nos deja esta pandemia es el empleo de las personas, pues de las rentas del trabajo depende la mayoría de la población en Colombia, sea esta ocupación de manera independiente o para una empresa, de manera formal o informal. Lo cierto es que lastimosamente el impacto inicial de toda crisis, se ve reflejado en la destrucción del empleo y está castiga sobre todo a los más vulnerables.

Las cifras más recientes de empleo del DANE que corresponden a agosto, muestran que la tasa de desempleo se ubicó 16,8% en promedio nacional, 6.0 p.p. más que en el mismo mes del año anterior, pero 4,6 p.p. menos que el mes de mayo, cuando se presentó la mayor tasa con un 21.4%. Lo más importante es que hemos recuperado parte del empleo que se había perdido, puesto que pasamos 16.5 millones de ocupados en abril a 19.7 millones en agosto. Es decir, 2,4 millones de personas de las más de 5 millones que habían estado sin empleo, han podido volver a generar ingresos para sus familias.

Si bien, estos datos son alentadores y muestran que la apertura gradual y responsable de la mayoría de los sectores económicos ha funcionado, todavía son 4 millones de personas desocupadas., 1.3 millones más que en agosto del año pasado, sin contar con las personas inactivas que no están buscando empleo todavía. Esto indica que la tasa de generación de empleo actual no es suficiente, debemos recuperar el empleo a mayor ritmo, o dicho de otra manera, no es suficiente con reabrir las actividades económicas, sino que se necesita estrategias de reactivación complementarias.

Lo más alarmante de todo es que esta crisis ha ampliado las brechas laborales de los más vulnerables; los informales, los jóvenes y las mujeres. Sobre todo de las mujeres, cuya tasa de desempleo en el trimestre Jun – Ago fue de 24,2% frente a un promedio total de 18,9% y frente a la tasa de los hombres que fue de 15,3%. Si esto lo comparamos con los datos antes de esta crisis, se observa que la tasa de desempleo del primer trimestre del año era para las mujeres 16,4%, la total 12,6% y la de los hombres de 9,8%. Esto significa que antes ya había una brecha de género abrumadora de 6.5 p.p. pero con las crisis esta se ha ampliado a 9.0 p.p., demostrando que han sido las mujeres las más afectadas.

El informe del DANE reveló que dos terceras partes de las mujeres ocupadas que tenía el país el año pasado estaban en actividades que más rápidamente cerraron por la pandemia y que más han tardado en su reapertura debido a los estudios y análisis de los protocolos de bioseguridad, como los son en el comercio minorista, restaurantes, hoteles, servicios personales (como peluquerías y estéticas), servicios de salud y sistema educativo.

Si bien, lo anterior puede ser parte de la explicación, hay un problema estructural de fondo que demuestra que hay una brecha de género preocupante. Aunque el 51.2% de la población son mujeres, estas solo representan el 40% de la fuerza de trabajo, lo cual no es necesariamente porque no estén buscando trabajo, como lo muestran las tasas de desempleo. La situación actual puede ser el resultado de una serie de condiciones culturales, sociales y normativas que arrastramos hace años.

Independiente de la igualdad de género, lo que hay, es un problema económico. Las personas, son el capital más importante que tiene un país, y una menor ocupación persistente de las mujeres frente a los hombres no es más que un desaprovechamiento del capital humano disponible y por tanto un desperdicio de recursos para el país. A nivel mundial, un informe del Instituto Global McKinsey (MGI) indica que si se promueve la igualdad de género se podrían añadir $ USD 28 billones al PIB mundial para el año 2025 (que equivale a la suma de las economías de Estados Unidos y China), y concluye que si las mujeres no alcanzan su pleno potencial económico, la economía mundial se verá afectada.

Precisamente en una reunión realizada a nivel regional de América Latina y el Caribe, organizada por la CEPAL y ONU Mujeres, junto a la participación de varias autoridades de la región. Se hizo un llamado a los gobiernos a colocar cuidados en el centro de sus respuestas al COVID-19 y desarrollar una guía para impulsar una recuperación sostenible con igualdad, con compromisos como poner fin a la segregación laboral y brecha salarial; eliminar los estereotipos de género; cerrar las brechas de acceso y uso de tecnologías; apoyar el emprendimiento exportador de mujeres, e invertir en la economía del cuidado.

Es por eso, que en esta coyuntura es necesario hablar de una reactivación económica con enfoque de género, que permita construir estrategias para mitigar la crisis del COVID-19. En este sentido, se celebra que desde el Gobierno Nacional, se han planeado incentivos para las empresas, otorgando un 10 % en el subsidio de nómina a cada mujer que sea reenganchada o mantenga su puesto de trabajo, lo cual se suma al 40% del salario mínimo para cada trabajador de las micro, pequeñas y medianas empresas, que hayan visto afectada su facturación un 20% (o más) a causa de la contingencia económica.

No obstante, son muchos los temas que se deben abordar para garantizar la igualdad de género en el mercado de trabajo, creando los incentivos y las condiciones para que las mujeres puedan acceder, si lo quieren, a los mismos trabajos de los hombres, y con los mismo salarios según el cargo, sin importar el sector productivo, la región del país, o las características individuales como si son solteras o madres. Esto implica un cambio estructural en la educación y en la cultural, donde se eliminen estereotipos de género para las labores que pueden desempeñar las mujeres, pero también en lo normativo para que no se genere discriminación. Un buen paso en este sentido sería la licencia de maternidad compartida y en general se requieren normas ajustadas a las nuevas realidades, en línea con las crecientes necesidades de autonomía y flexibilidad del trabajador.

Alegra ver en los ganadores de premios Nobeles, a varias mujeres que están aportando al mundo en distintas disciplinas y que son inspiraciones para muchas niñas. De igual manera, hay muchos estudios que muestran que la capacidad emprendedora de las mujeres es mayor que la de los hombres, y que las empresas que están cerrando las brechas de género reportan mejores indicadores financieros, administrativos y reputacionales en el mercado.

Por eso no podría dejar de destacar en lo que respecta a nuestra región, el aporte de las mujeres vallecaucanas que hoy están al frente organizaciones de carácter público y privado, las cuales han aportado al crecimiento de nuestra región; hay un avance notable en el esfuerzo de cerrar dichas brechas y construir en conjunto una región más equitativa, en todo sentido.

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