Johana Caicedo Sinisterra

La selección que nos une

Johana Caicedo Sinisterra

El fútbol es uno de los pocos lenguajes que podemos entender sin necesidad de muchas explicaciones.

Nos une, nos hace vibrar, nos llena de orgullo y, por un momento, nos permite encontrarnos más allá de las diferencias.

Yo, al igual que cientos de colombianos y colombianas, crecí corriendo detrás de una pelota o balón, armando con piedras una portería en la mitad de la calle, soñando con ser unos de esos nombres de quienes hacían en ese entonces grande a la Selección Colombia, sueño hoy de la niñez y la juventud con las y los nuevos referentes.

Recuerdo esos partidos bonitos en el barrio, donde hacer un sombrerito, pasar el balón entre los pies de alguien del otro equipo y luego pararlo con el pecho o realizar una jugada hasta ese momento imposible era motivo de celebración.

En esas calles aprendimos que el fútbol no era solo competencia: era amistad, imaginación, alegría compartida y sueño colectivo.

Por eso hoy celebramos con emoción a las guerreras de la Selección Colombia Femenina. Ellas ganaron, hicieron historia y nos recordaron que también se puede levantar una copa desde la fuerza, la disciplina, el talento y la dignidad de las mujeres.

Su triunfo no es menor: es una alegría nacional, una victoria de unas niñas que soñaron con jugar futbol, de las familias que les acompañaron, de las mujeres que les abrieron camino y de un país que necesita aprender a celebrar todos sus logros sin ponerlos en disputa.

Internamente no estamos en una competencia entre selecciones ni en una disputa de afectos. Lo que se juega en la cancha también mueve lo que somos como país.

La alegría por la Selección Femenina y la ilusión por la Selección Masculina nos debería recordar que Colombia puede reconocerse en distintas voces sin romperse.

Ellas ganaron y con su triunfo nos enseñaron que la selecciones de fútbol también se honran abriendo caminos, rompiendo barreras y convocando al respeto.

Porque el fútbol no solo mueve resultados: mueve emociones, memorias, encuentros y posibilidades de reconciliación.

En cada celebración también hay una invitación a mirarnos distinto, a respetarnos más y a comprender que la patria se construye cuando todas sus formas de representar a Colombia tienen lugar.

Ahora que vivimos nuevamente la fiesta del fútbol, este es el momento de vivirla con orgullo, alentar en familia, acompañar al tendero, llenar las esquinas y las cuadras con amigos, amigas, vecinos y vecinas.

Que el fútbol nos permita vernos a la cara, reconocernos en la diferencia y entender que no necesitamos pensar igual para sentirnos parte del mismo país.

Colombia puede tener muchas voces, muchos acentos, muchas historias y muchas formas de amar a la selección.

Esa diversidad no debería separarnos; al contrario, debería recordarnos que somos más fuertes cuando caminamos juntos.

Que cada gol nos abrace, que cada jugada nos devuelva esperanza y que, por encima de cualquier resultado, vivamos esta fiesta en paz.

Porque cuando rueda el balón y canta el país, recordamos que todavía tenemos algo hermoso en común: el sueño de una Colombia unida, reconciliada y capaz de celebrar sin excluir a nadie.

Sobre la autora…

Johana Caicedo Sinisterra es una líder social comprometida con el bienestar y la transformación de vidas.

Es profesional en Filosofía, magíster en Educación y doctora en Humanidades.

Desde el servicio público, ha trabajado por la igualdad, las oportunidades y la construcción de una sociedad más humana y justa.

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