Nuestra realidad

Rosa María Agudelo

La semana pasada Moodys pasó la perspectiva de Colombia de estable a negativa. Hace menos de siete meses Standar and Poor’s había reducido la calificación de nuestro país. Definitivamente, el gobierno es el único que ve positiva la situación de Colombia.

La visión internacional es incierta pues considera que el nuevo gobierno no tendrá el poder para implementar las reformas fiscales que se necesitan para reducir el gasto y aumentar los ingresos con el fin de reducir el déficit fiscal que Santos disparó con la famosa mermelada.

Los observadores internacionales también ven en la polarización política un obstáculo para que el nuevo gobierno pueda implementar las reformas. Sin duda, Colombia está en un punto de quiebre. Los retrocesos de los últimos ocho años son en todos los frentes.

La confianza internacional se perdió, la inversión se redujo, el país se desindustrializó, la pobreza, la inequidad y la corrupción aumentaron. Los índices no son “noticias falsas” de un grupo político. Los números no mienten. Hay dos que resultan muy fáciles de entender.

El país crece a menos del 2% y la inflación supera el 4%. En términos matemáticos eso significa decrecer. ¿Qué vamos a hacer? Me preocupa que optemos por ensayar nuevos modelos, modelos que fracasaron en otros países. No podemos elegir otro sueño, otra ilusión no realizable ni costeable. Por estos días hay muchas promesas que el país no puede financiar.

Colombia, antes de Santos, iba por buen camino con una economía en avance y una seguridad consolidándose, lo que visualizaba que en el mediano plazo podíamos construir un país con más oportunidades para todos.

Lo sensato sería buscar una senda que permita ajustar la fórmula que nos estaba dando resultados. En las próximas elecciones votemos con los pies en la tierra.

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