Más oportunidades para los jóvenes

Edwin Maldonado

Esta semana la comunidad caleña se estremeció por un hecho de violencia, que significó la muerte de 5 jóvenes en el oriente de la ciudad, lo cual rechazo y lamento, me genera mucho dolor e indignación, pero a su vez, preocupación. Al margen de las circunstancias que deben ser sujetas a investigación y del tema de inseguridad que ha manchado nuestra imagen por mucho tiempo, lo que me genera preocupación es la posición de los jóvenes en el marco de esta coyuntura.

Antes de esta crisis era clara que la estructura de generación de ingreso en nuestra ciudad es altamente informal, que el ahorro de las familias no cubre la necesidad de todos sus miembros, y los jóvenes se ven en la necesidad de entrar en el mercado laboral sin haber empezado estudios superiores o siquiera terminado el bachillerato, y esto se ha agravado con la afectación de los ingresos de los hogares por el aislamiento.

El “Informe Anual de Calidad de Vida 2019’ del programa Cali Cómo Vamos muestra que alrededor de 30.000 niños y adolescentes estarían por fuera del sistema escolar. Adicionalmente, se presenta alta deserción escolar, sobre todo en la etapa final del colegio, donde los jóvenes están sujetos a presiones económicas en sus hogares, a violencia, drogadicción, pandillas y delincuencia, y esto pasa en su mayoría precisamente, en el Oriente y la zona de ladera donde sucedió este lamentable hecho. En general, alrededor del 30% de los jóvenes no se gradúan de bachiller y aquí surge la primera preocupación; ¿a qué se dedican estos jóvenes?, o mejor, ¿a qué están expuestos?

Del 70% de jóvenes que sí logran graduarse de bachiller, la mayoría salen mal preparados para la vida después del colegio, no saben ni qué quieren hacer, no tienen un proyecto de vida y no tienen recursos para ingresar a la educación terciaria. El 60% de estos jóvenes no logran estudiar en una universidad, instituto y/o centro de formación técnica y al no estar preparados para tomar decisiones y tener pocas oportunidades, pueden caer en delincuencia o tener que entrar al mercado laboral en puestos de baja calidad. Mi segunda preocupación es; ¿qué va a pasar con los bachilleres que se gradúan este año de pandemia?, ¿cuántos podrán seguir estudiando? y ¿cuántos buscarán trabajo? Para sumar a la población activa, pero tal vez, directamente al desempleo.

Pero este no termina ahí, del 40% que logra entrar a educación superior, algunos presentan deserción temprana por mala elección de carrera, mal desempeño o por falta de recursos, etc. Lo más paradójico de todo es que al final, los privilegiados que logran obtener un título no logran ubicarse laboralmente, y muchos consiguen trabajo en ocupaciones diferentes a las que se prepararon.

En contraste con esta realidad de los jóvenes, está la realidad del sector productivo que no encuentra mano de obra calificada para ocupar muchas vacantes, se presentan brechas de capital humano entre la oferta y demanda que demuestran que el sistema educativo no está respondiendo a las demandas del sector productivo y no van de la mano del avance científico y tecnológico. Muchas encuestas muestran que más que universitarios, las empresas están necesitando técnicos y tecnólogos en diferentes ocupaciones que estén formados en “el hacer” pero también el “el ser” con habilidades blandas, que sepan inglés y ahora con la nueva realidad, que tenga habilidades en temas tecnológicos, por lo cual se debe brindar información completa a los jóvenes sobre la demanda del mercado laboral en la región, y de acuerdo con esta, hacer trabajos vocacionales y de formación pertinente.

Hay que dejar claro que la educación no solo debe ser con visión laboral, sino que debe haber espacio para el arte, la cultura, el deporte y muchas otras corrientes. Pero para que los jóvenes puedan tomar sus propias decisiones de acuerdo con sus preferencias y aprovechar las oportunidades, necesitan estar en igualdad de condiciones. Solo con una formación de calidad desde el colegio los jóvenes podrán competir en cualquier campo y construir su proyecto de vida alejado de las malas influencias a que están expuestos.

Normalmente las tasas de desempleo juvenil son más altas que el promedio y las cifras de junio 2020 muestran como la brecha se ha ampliado en esta crisis. Queda claro con esto que la educación no es un tema solo social sino también económico y por eso en los indicadores de competitividad departamental es una de nuestras falencias.

Cali es una ciudad en movimiento, que representa como ninguna la multiculturalidad de nuestra región pacífico y ese es nuestro mayor potencial. Acá confluyen las ilusiones de jóvenes de municipios del Valle y de otros departamentos del Pacifico, que llegan buscando mejores oportunidades y aunque sabemos que normalmente es difícil satisfacer las expectativas de todos y que esta crisis ha agravado la situación, esto no debe verse como un problema, sino como una oportunidad.

Debemos aprovechar ese potencial juvenil diverso, fortaleciendo de manera equitativa el acceso, uso y calidad de los servicios sociales y productivos, sobre todo en educación, para que puedan ser constructores activos de la sociedad, y para que, en palabras Amartya Sen “sean lo que quieren y pueden ser”.

El panorama para los jóvenes no es muy alentador, es la verdad, pero a pesar de esto, mi invitación final es a no ser pesimistas. Debemos hacer un trabajo articulado público-privado para que la educación sea el pilar para la protección y desarrollo de nuestros niños y jóvenes, con más oportunidades para ellos.

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