Terminada la semana santa, los colombianos estamos viviendo una temporada de verdadera pasión, y no me refiero a la que vivió Cristo entre la última cena y su crucifixión, sino más bien al fanatismo con que muchos están asumiendo las campañas presidenciales.
El próximo domingo 29 de mayo, cada colombiano tendrá, no solamente el derecho, sino el deber de acudir a las urnas a depositar un voto por el candidato que crea mejor lo representa, sin embargo, esta sencilla pero importante tarea empieza realmente a apasionar cada vez más a los colombianos, hasta el punto de que en vez de ser un momento que nos permite afinar el rumbo y mejorar el país, parece que por el contrario nos divide y perjudica.
El diccionario define la pasión como el ‘sentimiento vehemente, capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón’ y es justamente eso lo que le sucede a la mayoría de colombianos (o por lo menos a la mayoría de mis amigos y familiares) que toman una posición radical frente a su candidato de preferencia, pero este mismo radicalismo les ‘perturba la razón’ negándoles la posibilidad de ver las propuestas y acontecimientos noticiosos con el criterio imparcial requerido para informarse ante una decisión de esta relevancia.
Y voy a poner ejemplos puntuales, con las dos candidaturas que generan apasionamiento por sus marcadas posturas en extremos opuestos: Fico y Petro.
Ayer un primo publicaba indignado en Facebook fotos ‘impactantes’ de una cabalgata organizada por colombianos que invitaban a votar por Fico. “¿Cómo puede ser posible que estos insolentes maltraten de esta manera a los animales?”
Pero es que venga, ¿de cuándo a acá montar a caballo es un delito imperdonable?
Mi primo, petrista por si cabe alguna duda, hace poco estaba indignado también por que en el tarjetón aparecía como “Fico” en vez de su nombre real, y por el apoyo del uribismo a ese mismo candidato.
¿Son pecados? ¿Debe esto influir en mi voto? Nada.
Ojo, del otro lado no son menos las pasiones.
Preguntaba yo a unos amigos la opinión acerca de la reciente información que develaba a Francia Márquez como beneficiaria del programa ‘Ingreso solidario’ del gobierno. Inmediatamente empezaron a aflorar opiniones donde no la bajaban de “corrupta”, “ladrona”, “quiere vivir del gobierno como todos los petristas”, el más prudente decía “es un problema ético, falta de valores”…
Ahora pregunto yo, ¿$160.000 mensuales para una mujer pobre puede ser causal de descalificarla a un cargo de esta importancia? ¿no es por el contrario un gran logro que una mujer de su condición socioeconómica esté aspirando a la vicepresidencia? ¿Confirmó alguien si era o no merecedora de este subsidio?
Mas recientemente y en el mismo grupo de chat, se indignaron también por la firma en notaría del candidato Petro donde aseguraba bajo juramento que, de quedar elegido presidente, no expropiaría ninguna propiedad. ¿No es esta una noticia positiva?
Era un chat uribista por si no está claro.
No dejemos que las pasiones nos nublen la capacidad de entender que cada candidato tiene cosas buenas y cosas malas. Decida con la inteligencia emocional necesaria para elegir a quien represente mejor sus ideales de país y con la fe de que quede quien quede, tendremos que seguir trabajando juntos para progresar y construir un mejor país.
Nota: Por apasionarse no asuma cosas. No asuma que el apoyo del uribismo a Fico corresponde a clientelismo. No asuma que si Francia Márquez recibe ‘ingreso solidario’ es porque lo está robando. No asuma que todo lo de Petro es malo. O que todo lo de Fico es Uribe. Y finalmente, no asuma que son los únicos dos candidatos.
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