Los nombramientos y destituciones que ha ido produciendo nuestra versión tropical de Luis 14,ratifican el perfil tallado del mandatario pero ponen en aviso a quienes acepten colaborar con su gobierno y ,sobre todo, a los ilusos reporteros y comentaristas bogotanos, vírgenes todavía en el manejo de los trucos corronchos, las habilidades sabaneras y las astucias guajiras de Abelardo.
La designación de Carlos Suárez como presidente de la junta de Ecopetrol es muy parecida a la selección que el monarca francés hizo del cardenal Mazzarino, quien había actuado como el máximo y más influyente consejero del rey cuando apenas era delfín.
El gran estratega llega a marcar el tono en la recuperación de Ecopetrol, y en especial a acaudillar tras bambalinas ( como le gusta a él) la resurrección de la gran caja que debe ser la empresa petrolera para el estado colombiano.
Pero así como el potro desbocado del vicepresidente Restrepo fue puesto en cintura por bocón y atragantado y le disminuyeron a funciones específicas, Abelardo,buscando que ninguno se crezca de nuevo y todos hasta el propio Carlos Suárez, se topen con un retén moral de gran envergadura, nombran a Ilva Myriam Hoyos como ministra.
He tratado a la nueva funcionaria hace muchos años.
Pensamos diametralmente opuestos sobre la vida y la muerte, la verticalidad y lo disoluto, pero como compartimos el respeto absoluto por las ideas ajenas, nuestros diálogos han sido más que productivos y mi sensación desde las primeras charlas es que ella no es la generala de que habló Abelardo al posesionarla.
Ella es la mariscala del gabinete y su rigidez aunque moleste a muchos por antipática, producirá resultados inmediatos para el monarca y su equipo y para todos los colombianos.
Diría, en resumen, que estamos frente a un gobierno con motores propios pero con retenes integrados.
Con resabios de vengador, pero con disfraces y comedias de show gringo para hacer creer lo contrario.
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