El Valle de los festivales

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Incluyendo otros encuentros de música vernácula de menor magnitud en varios municipios, tres importantes festivales de música siguen vivos en el Valle del Cauca: el Festival Mono Núñez de Música Andina de Ginebra, el Festival Petronio Álvarez de Música del Pacífico en Cali y el Festival Bandola de Sevilla.

Todos congregan miles de personas amantes de la música folclórica, unos de la andina, otros de la música colombiana y los demás de la música étnica pacífica.

Los visitantes de Ginebra escuchan las melodías andinas, también seducidos por el olor a leña y el sabor a gallina de su emblemático sancocho.

En Cali, unidos en una hermandad sin precedentes, los caleños y los afrodescendientes oriundos de distintos pueblos del Pacífico, gozan en frenesí de los sonidos de las marimbas, los cununos y las chirimías, mientras saborean los ricos platos a base de pescado y se embriagan con el biche.

En Sevilla, aquel pintoresco pueblo amable de la cordillera central, los visitantes convocados por el Grupo Bandola, escuchan la música de las diferentes regiones folclóricas, mientras en la Plaza de la Concordia degustan el más aromático café de la región.

Es una lástima que El Festival Petronio y el Festival Bandola estén programados el mismo fin de semana, porque como en mi caso, hay muchos amantes del folclor en quienes confluyen ambos gustos musicales. Cuando me voy para Sevilla, aquí pierdo la silla.

Le imploro a San Francisco de Asís y a San Luis Gonzaga el milagro de ponerlos de acuerdo para una amistosa separación o alternación. Definitivamente somos el Valle de los Festivales.

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