Cali, septiembre 10 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 10, 2026 20:18
Después de un terremoto es común que aparezca la misma recomendación: tenga preparada una mochila de emergencia.
El problema es que muchas veces las listas que circulan incluyen tantos elementos que terminan convirtiéndola en una maleta pesada, difícil de transportar y poco práctica precisamente cuando más se necesita.
Una buena mochila de emergencia no debería prepararse pensando en llevar media casa sobre los hombros, sino en responder una pregunta mucho más sencilla: si tuviera que abandonar rápidamente su vivienda y permanecer varias horas fuera de ella, ¿qué necesitaría realmente?
La respuesta cambia según cada familia, porque no necesita lo mismo una persona que vive sola que un hogar con niños pequeños, un adulto mayor, alguien que requiere medicamentos regularmente o una familia con mascotas.
Una mochila puede estar perfectamente equipada y ser completamente inútil si quien debe transportarla apenas consigue levantarla.
Por eso debe ajustarse a la capacidad física de cada persona y permitir caminar, subir escaleras y desplazarse sin dificultad.
El agua es prioritaria, pero también representa uno de los elementos más pesados.
Por eso la mochila destinada a una evacuación inmediata debe equilibrar la necesidad de hidratación con la capacidad de transporte, mientras que una reserva mayor de agua puede permanecer almacenada en casa para situaciones en las que sea seguro quedarse allí.
Los alimentos deben ser fáciles de transportar, consumir y conservar sin refrigeración.
Barras, frutos secos, galletas, alimentos en empaques pequeños y otros productos de larga duración pueden resultar útiles.
Hay elementos pequeños que pueden hacer una enorme diferencia.
Una linterna es fundamental si el terremoto ocurre durante la noche o se interrumpe la electricidad.
También son útiles baterías de repuesto, un cargador portátil para el celular, silbato, elementos básicos de primeros auxilios, mascarillas, productos de higiene personal, papel higiénico, bolsas resistentes y algo de dinero en efectivo en denominaciones pequeñas.
El celular puede convertirse en una herramienta esencial para comunicarse y recibir información, pero depender exclusivamente de él es un error.
La batería puede agotarse, la red puede congestionarse o el servicio eléctrico interrumpirse.
Por eso conviene guardar en papel los teléfonos importantes y algunos datos de contacto.
También resulta recomendable mantener copias protegidas de documentos esenciales o disponer de respaldos digitales seguros.
No se trata de cargar carpetas completas, sino de conservar la información que podría necesitarse durante una emergencia.
En hogares donde alguien necesita medicamentos de uso regular, la mochila debe contemplar esa necesidad de acuerdo con las indicaciones médicas y las condiciones de conservación del producto.
También puede ser útil llevar anotados el nombre del medicamento, la dosis habitual, alergias conocidas y contactos médicos relevantes.
En el caso de adultos mayores, además hay que pensar en lentes, audífonos, baterías, elementos de movilidad u otros artículos indispensables para conservar su autonomía.
Una mochila estándar descargada de internet difícilmente contempla estas necesidades particulares.
Cuando hay niños pequeños pueden necesitarse pañales, toallitas, alimentos específicos, ropa adicional y algún objeto pequeño que les proporcione tranquilidad.
No hay que subestimar este último elemento: una emergencia también supone una enorme carga emocional para ellos.
Las mascotas requieren su propia planificación. Correa o transportador, agua, alimento en pequeñas cantidades, recipientes plegables, bolsas para residuos, identificación y medicamentos, cuando sean necesarios, deberían estar previstos con anticipación.
En una evacuación no es el momento para comenzar a buscar dónde quedó la correa del perro o el guacal del gato.
La mejor mochila de emergencia pierde utilidad si está escondida en el fondo de un armario, detrás de cajas o en un lugar difícil de alcanzar.
Debe permanecer en un punto conocido por todos los integrantes del hogar, accesible y próximo a una ruta segura de salida, pero sin obstaculizarla.
Además, prepararla una vez y olvidarla durante años tampoco funciona.
Cada cierto tiempo hay que revisar alimentos, agua, medicamentos, baterías, cargadores, documentos y ropa.
Los niños crecen, las necesidades familiares cambian y algunos productos vencen.
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