Crónica de Gustavo Álvarez Gardeazabal

¡Viva Cristo Rey!

Gustavo Álvarez Gardeazábal

La frase con la que cerró el discurso de posesión el presidente Abelardo tiene demasiada significación y trascendencia.

No en vano se grita ¡VIVA CRISTO REY!, a todo pulmón y después de una hora de apuntalar, con oratoria de novato, los cimientos de las muchas guerras en donde promete meterse.

Ese era el mismo grito que Juan Rulfo oyó cuando no había cumplido los 10 años y comenzó la Guerra Cristera en su Comala.

Me lo confesó, personalmente, en una de las madrugadas que le acompañé a espantar sus sueños cuando lo invité a Colombia y comparábamos las imágenes de nuestras infancias que se proyectaban en nuestras novelas.

Oír entonces a Abelardo, rematando un rosario de ordenes inmediatas para enfrentar a los 18 ejércitos de traquetos y a las incontables bandas urbanas con las cuales negociaba el gobierno Petro, era una carga de profundidad agresivamente religiosa para un país que hasta 1930 estuvo dominado y estructurado por la Iglesia.

Y como esas órdenes las daba en el patio del Batallón Pichincha ante generales, almirantes y soldados, me sentí reviviendo las estúpidas guerras que en mi ya larga vida me ha tocado presenciar.

El que un par de horas después desbaratara de un tajo la mesa de diálogo de la cárcel de Itagüí y esparciera a todos los capos paisas por 8 cárceles distintas, me garantizó mis preocupaciones.

Y como lo había visto un par de horas antes juramentarse en un escenario donde una imagen de la Virgen de Fátima sobresalía por encima de los símbolos patrios.

Y que hasta allá habían llegado los emisarios de Dios en la tierra actuando como sacerdotes, pastores o rabinos. Todo eso, más el tono agudamente destemplado de la cantante del himno nacional, me llevaron a pensar en Rulfo el día que comenzó la Guerra de los Cristeros.

Agotadas las vías diletantes de los diálogos de Paz Total, volvemos a la guerra, ¿pero cuál será la respuesta de los ejércitos de los traquetos o de los jefes de las bandas urbanas?

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