Mario Germán Fernández De Soto

El trabajo decente

Mario Germán Fernández De Soto

Cuando la ministra de Trabajo radicó la nueva versión de la llamada “reforma” laboral, siempre pensé que el énfasis debería ser en el trabajo decente como una forma no sólo de proteger a los veintidós millones de colombianos que hoy tienen trabajo en la formalidad y en la mal llamada economía informal, sino también porque es necesario impulsar la generación de los ingresos a través del estímulo a los nuevos empleos, puesto que éstos no son producidos por generación espontánea, son el resultado de la dinámica empresarial del país, que depende no sólo de una ley de la República que transforme la legislación, sino de la confianza de los inversores que creen en las bondades de poner su capital en el mercado colombiano para hacer empresa.

Es comprensible que quien invierta tenga utilidades, por tanto, cuando se legisla para mejorar las condiciones de los trabajadores también hay que pensar en la vinculación formal de quienes están en el “rebusque” en condiciones dignas para un trabajo decente. Por ello, la reforma laboral debe tener el enfoque de mejorar a los trabajadores actuales y también promover el empleo de aquellas personas que hoy, a pesar de contar con una cualificación técnica, tecnológica o profesional, están en la búsqueda de ingresos productivos para su familia.

El Congreso de la República debe estudiar a fondo el proyecto del presidente Petro para motivar a los empresarios a generar más empleos y, de la misma manera, propiciar las garantías de equidad y dignidad a los nuevos vinculados en aras del mejorestar de los trabajadores colombianos.

El mensaje tiene que ser de una lado y del otro, porque no se puede concebir un muy buen régimen laboral sin las condiciones para la producción en un país que está amenazado por una desaceleración económica que puede dar al traste con las buenas intenciones de mejorar a los actuales trabajadores y estimular el empleo formal.

La reforma laboral tiene que estar acompañada de garantías para los trabajadores y también para los empresarios que no pueden entender que se trate sólo de aumentar los costos laborales. Por el contrario, tiene que ser una oportunidad de mejora para los inversionistas que jalone la producción e impulse los nuevos empleos.

La reforma por sí misma no tendría razón de ser sino se estimula el empleo formal y no se dignifican las condiciones sociales y económicas de los trabajadores colombianos. El trabajo decente tiene que entenderse como el mejoramiento de la calidad de vida para la sostenibilidad social y económica de los trabajadores, garantizando la sostenibilidad de las empresas, el emprendimiento y la dignidad humana.

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