Alberto Ramos Garbiras

Chile y el comportamiento electoral

Alberto Ramos Garbiras

Los resultados de la primera vuelta electoral muestran una división de la sociedad en dos sectores perfectamente delineados, la derecha y la izquierda del campo político. La diferencia de dos puntos no es muy significativa, José Antonio Kast (27.9%), Gabriel Boric (25.8%). Pero sí sorprendió que el avance de los sectores populares inconformes expresados hace pocos meses en la elección de constituyentes(79%), y en las elecciones regionales, en los reclamos desde el estallido social(octubre 2019), ahora no se hubiese expresado mayoritariamente, siendo rebasados por la derecha extrema encarnada en el Señor Kast que añora el neoliberalismo pinochetista y la mano dura, y se muestra anti- reforma constitucional. Cómo la sociedad chilena que ha criticado a Piñera y su coalición de centro derecha, se quedó ahora en parte inmóvil, ante la gran abstención registrada este 21 de noviembre, y las fuerzas de centro se dividieron dejando pasar una propuesta al estilo Trump/ Bolsonaro, eso encarna Kast.

Desde la salida de Pinochet en 1990 , Chile ha tenido gobiernos de concertación, ni la izquierda ni la derecha han gobernado solos, son matices de centro izquierda y de centro derecha los que a través de la llamada concertación (coalición de fracciones y partidos del centro político han gobernado en estos 30 años, Socialdemócratas, socialistas, progresistas, liberales democratacristianos, gentes de avanzada, todos dispersos en varios partidos de centro, que ha acompañado a los gobiernos de Aylwin, Frei-Ruiz, Lagos, Bachelet, y Piñera. Pero esa constelación de partidos de centro ahora se diluyó y se polarizó la sociedad, dejando reaparecer los suspiros por el pinochetismo, y enfilándose por el discurso autoritario, del miedo, que llama a solucionar los problemas de inseguridad, del ominoso narcotráfico, del desorden, que tampoco han podido contener en otras épocas lo demás gobiernos. Lo cual indica la forma pendular de la sociedad con sus percepciones , sin tomar el rumbo firme hacia otro modelo de Estado. Esto crea perplejidad y desazón.

Sorprenden las similitudes entre la vida política chilena y la colombiana. Ambos países están atenazados por las políticas neoliberales que empobrecieron a los sectores subalternos y dejaron llevar los servicios públicos y los derechos sociales a manos de los particulares ; ambos países no han encontrado un modelo económico de Estado que saqué de la postración a más de 20 millones de personas en Colombia y 2 millones y medio de la nación chilena; el abstencionismo en los dos países llega a la mitad de los habitantes del potencial electoral; y la gente pudiendo decidir no votan; los partidos políticos no logran convencer y arrastrar a los indiferentes e indecisos hacia el cambio; la polarización o división entre dos discursos que alientan pasiones no dejan tener claridad sobre los caminos de solución; etc.

Es necesario resaltar por separado este aspecto: los partidos del centro político en Chile lograron sostener el poder para evitar que el militarismo y las arremetidas autoritarias no volvieran a conducir el Estado, pero el centrismo chileno no logró zafarse de la derecha ideológica en 30 años, lo que hicieron fue contemporizar con ellos. En Colombia el centro político no se ha expresado como opción independiente de gobierno, pero también han permanecido adheridos al bipartidismo, solo en el 2018 trataron de formar un bloque que fracasó y ahora para el 2022 pretenden llegar por fuera de las fuerzas claramente de derecha; pero otras formas de centro camufladas entorpecen la claridad que puedan tener los electores, la Coalición de la Experiencia es un torpedo a los fines del centro político configurado en la Coalición de la Esperanza, al confundir a la población con quienes han estado vinculados a las administraciones dentro del bipartidismo metamorfoseado en 16 años de gobiernos dirigidos por dos disidentes del liberalismo(Uribe y Santos) que venían trabajando en el mismo proyecto “separatista” de la matriz liberal pero terminaron subsumiendo a liberales y conservadores en lo que quedaba de esos partidos desideologizados, después de la experiencia del Frente Nacional, y del postfrente de cohabitación administrativa y contractual.

Los partidos y movimientos políticos en Chile después de la pérdida del poder de Pinochet han tenido varios nombres y denominaciones : Avanzada Nacional, Humanistas, Renovación Nacional, Democracia Radical, Socialismo Chileno, Demócratas Cristianos, Por la Democracia, Del Sur, Radical y Los Verdes, La Alianza (también denominada como Alianza por Chile), de corte centroderechista, y que agrupaba a la Unión Demócrata Independiente (UDI) y la Renovación Nacional (RN), y en menor medida el pacto izquierdista Juntos Podemos Más. Se han reconfigurado varias veces a través de alianzas como el Frente Amplio, coalición de sectores de izquierda y liberales, luego se estableció el Chile Vamos como coalición oficialista.

En Chile, el desprestigio de Sebastián Piñera, por su larga tradición con negocios turbios y la confirmación de la desbordada forma de acumular un patrimonio sin reato, evidenciado con el caso Pandora Papers, acabó de desmoronar su imagen, luego de detentar dos veces la presidencia. Y desdibujo la concertación variopinta de los últimos años. Esta situación en medio de la inconformidad acumulada desde octubre 2019 cuando las políticas neoliberales reventaron la capacidad de aguante de los chilenos hizo que el estallido social con el detonante de la subida del transporte público se expresara en las calles y la represión desatada a través del estado de excepción, ello aceleró la ira que no se diluyó en medio del desarrollo de la pandemia que, paradójicamente le permitió al presidente con medidas sanitarias sostenerse en el poder.

(*) Magíster en Ciencia Política (Universidad Javeriana); PhD en Política Latinoamericana, Universidad Nacional de Madrid (UNED- España); ha sido profesor de las cátedras: derecho internacional y derecho ambiental , en la Universidad Libre y la Universidad Santiago de Cali (USC). Profesor de la cátedra: derechos humanos.

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